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Publicado el 22 octubre, 2021

Abraham Calero y Twoflü: «A través del Flamenco reivindicamos el arte como transgresión y renovación»

Por Fátima Yráyzoz
Fotografías de Abraham Calero

El arte urbano, a semejanza de la fotografía, ha sido de las últimas disciplinas artísticas en entrar en las galerías de arte. Fue precisamente allí donde los dos creativos Abraham Calero y Twoflü se conocieron. Calero, fotógrafo profesional, y Twoflü, del mundo del graffiti, conectaron enseguida y fruto de ese encuentro surge la idea de colaborar juntos en la producción de un proyecto artístico.

La ambiciosa propuesta se ha plasmado en un mural de grandes dimensiones, de nueve metros de ancho por casi tres metros de alto, ubicado en la céntrica calle palmesana de Jacinto Verdaguer, en el que abanderan los retratos fotográficos de dos grandes maestros del mundo del flamenco, Camarón de la Isla y Enrique Morente, junto al actual y revolucionario Niño de Elche. La intención de los artistas con este impactante trabajo ha sido muy clara: reivindicar a través de estos maestros de lo «jondo», más allá de la música, la transgresión y renovación en el arte. Salir de lo políticamente establecido, con la libertad suficiente de expresarse, que es sin duda el anhelo de cualquier artista.

Como era de esperar, la intervención artística ha generado revuelo; no sólo en el vecindario, entre los transeúntes, sino que gracias al poder de las redes sociales ha cruzado fronteras más allá de la isla. A pesar de algunos comentarios detractores provenientes en su mayoría del círculo de puristas del flamenco, la acogida ha sido recibida de manera muy positiva por la vecindad, que incluso les animan a continuar con obras similares, ya que reconocen, además de la calidad artística, el embellecimiento que ha supuesto esta obra en una zona urbana de la capital que en el pasado no era más que la travesía de viviendas por donde pasaban las vías del tren. En esta obra cada uno ha realizado su parte por separado. Abraham, como fotógrafo, realizó las imágenes y Twoflü, como su nombre artístico indica, fluye con el juego de las tipografías.

En vuestra trayectoria personal observo que habéis recorrido un camino a la inversa que otros artistas urbanos, de la galería a la calle en vez de al revés, que suele ser lo habitual. ¿Os sentís unos privilegiados?

Twoflü: Bueno, yo te confesaré que vengo del mundo del grafiti. De adolescente, como tantos otros, realizaba acciones a escondidas y acababa corriendo en persecuciones policiales. Hasta que un día dije «basta, ¿qué hago aquí?». Más tarde una galería me dio la oportunidad de presentar mis primeras obras tipográficas. En la actualidad creo que me encuentro en un proceso creativo en el que voy sintiendo que alcanzo mi propio estilo. Procuro viajar más allá de palabras, intento llegar a una abstracción y crear redes o mallas tipográficas. En definitiva, generar en el espectador un efecto que le atrape.

Abraham: Yo me atrevería a decir que él dibuja a través de las letras, crea esculturas e imágenes con las tipografías. Si hacemos la comparativa con un pintor, su manera de escribir, sería semejante a estilo de las pinceladas.

Os habéis atrevido a plasmar a estos maestros en estas proporciones gigantes, con el flamenco como nexo de unión. ¿Es la música la que fluye en la obra?

A, T: Pues sí casi como una banda sonora, ya que evidentemente no se puede entender este mural sin considerar la revolución artística que tanto Camarón, Morente y hoy en día Niño de Elche han supuesto para el mundo del flamenco. Su valentía en salir de los cánones ortodoxos de este género nos sirve y nos guía a los dos para hacer lo que nos apetece en todo momento, por muy raro o poco convencional que pueda parecer.

A: Aunque cada uno de los retratos está relacionado con una canción, damos rienda suelta a que a cada persona le provoque algo distinto, no todo el mundo conoce a los tres por ejemplo.

La imagen es evidente, pero el muro, ¿encierra algún mensaje encubierto?

T: Claro que sí. Nada es casual. Cada imagen va unida en mi mural con las letras de la nana que interpretaban: la Nana del Caballo Grande de Camarón, la Nana de Oriente de Morente y las Nanas de la Cebolla que interpreta el Niño de Elche.

¿Por qué las nanas y no otro palo flamenco?

A: Porque es la música que todos hemos escuchado de pequeños y es lo que se nos ha guardado en la memoria. Me gustaría subrayar que el flamenco no es el tema de la obra, sino la excusa o el canal que hemos utilizado como alegato a la actitud de transgresión y revolución en el arte en general. El flamenco nos pareció un buen modelo, ya que es un género que ha estado muchos años encasillado. Fue gracias a maestros como Camarón o Morente que se logró el acercamiento al público o la entrada en la universidad, y desde entonces el flamenco no ha parado de fusionarse con otros géneros. Es sin duda una música viva motivo por el cual ha alcanzado un carácter universal. Nada que ver con el resto de músicas folklóricas, que se han estancado.

¿Cómo ha sido la repercusión en las redes? Supongo que habrá generado comentarios de todo tipo.

T: Pues hemos llegado a recibir comentarios desde Sevilla de gitanos que no les ha gustado nada. Pero era obvio, ya que tocamos la transgresión y asociamos lo que se hace hoy en día con los que, curiosamente ahora, se han convertido en grandes clásicos referentes. Me refiero a lo de incluir la imagen de Niño de Elche junto a dos maestros como Camarón y Morente.

A: Hay que pensar que ellos, especialmente Camarón cuando sacó el disco de La Leyenda del Tiempo, sus más allegados seguidores no lo supieron entender y se sabe que incluso muchos devolvieron el disco. A Morente le han querido también «matar» muchas veces por todas las barbaridades que se atrevió hacer.

T: Para mí, cualquier acto de transgresión, da igual el género artístico, se considera falta de respeto a los cánones oficiales porque te sales de ellos. Esta generación, representada para nosotros por el Niño de Elche, crea similar polémica en los puristas como lo hicieron Camarón y Morente. Yo me he criado en el extrarradio de Madrid en los años 90, en una familia en la que mi abuelo escuchaba flamenco, y constantemente hacía críticas a todos los cantaores o músicos que no le parecían puristas del arte. Por eso, desde el principio me encantó la idea de Abraham para que no puedan encasillarme, con el grafiti o el street art, y salir de las manidas etiquetas.

¿Fue el proceso creativo transgresor también? ¿Cuánto tiempo llevó la preparación y puesta en escena?

A: No, aquí contábamos con el permiso total de los dueños de la casa. Esto nos permitía trabajar de día, algo que me encanta por la interacción con los vecinos que preguntaban para tener información de lo que estábamos haciendo. De hecho, cuando estábamos pintando, generaba un diálogo vecinal, agradecían la transformación y belleza de su espacio. La dueña de la vivienda reconoció que estaba cansada de que le firmaran la pared por lo que agradecía mucho lo que estábamos haciendo.

T: Que no le firmasen más, insistía. Así que cuando el primer día le ocupamos toda la pared se quedó realmente ¡flipada! Para el proceso, vinimos unos días antes a plantear cómo dividir el espacio, el orden y la dirección de las imágenes y lograr así un buen equilibrio estético. En la primera visita resolvimos entre otras cosas la elección de los colores: negro fondo y blanco las letras.

A: Fueron cuatro días sólo de montaje, pintando dos días más. Finalmente la imprimación. En la colocación conté con la colaboración de Neus, mi chica, a la que siempre suelo liar [ríe]. La producción comenzó días antes con el trabajo de impresión de cada uno de los retratos. Te aseguro que no es nada fácil de manejar en este gran formato de 85 centímetros de ancho, que es el máximo que te permite una máquina de plotter.

T: Yo por mi parte realice la escritura del muro en un día. Aunque lo más curioso de este proceso fue que Abraham me iba dictando las letras. ¡Imagínate el efecto en los transeúntes! Reconozco que por momentos llegué a entrar en un trance de disfrute total. Curiosamente, una de las letras narra miserias y penas, y esto me trajo a la memoria las historias que me contaba mi abuelo, que era pastor, lo mal que vivió largas temporadas con el ganado en un chozo. Reconozco que me removió mucho.

La elección del sitio imagino que tampoco es casual, en una zona de tanto tránsito como es la calle Jacinto Verdaguer.

A: Yo llevaba mucho tiempo con ganas de hacer una intervención. Había propuesto ya un proyecto a los vecinos que no encajo, pero en esta ocasión tenía una idea muy clara que quise compartir con Twflü: hacer un homenaje a tres grandes monstruos del flamenco para, a través de ellos, hacer una reivindicación sobre la importancia de la transgresión en el arte en general. A partir de ahí surgen los diálogos, las ideas que cada uno de nosotros queremos aportar a la obra.

Las islas dicen que son un refugio, los que venimos nos escapamos de algo. Vosotros, que sois los dos de Madrid, ¿de que huíais?

T: Mi periplo comenzó en el 2000. Salí de Madrid a vivir a otra isla, Escocia, y a partir de ahí empecé unos años a viajar en autocaravana, una vida muy nómada. Al llegar a Baleares, me establecí primero en Menorca, otra temporada en Ibiza y finalmente aquí en Mallorca. Necesitaba una parada, establecerme por un tiempo. Pero eso no quita que ya esté soñando con cambiar de lugar. La isla me permite trabajar, a diferencia de otros lugares, durante todo el año, en los barcos que es mi principal actividad. Por eso me he establecido de manera temporal.

A: A mí me ha gustado mucho esa comparativa que has formulado de isla igual a escapada. Yo vine huyendo de una relación súper tóxica. Soy científico marino y me ofrecieron un trabajo en la Fundación Philippe Cousteau para hacer un estudio de campo en Cabrera. Desde ese momento me enamoré de Mallorca.

Hasta ahora el arte urbano se identificada con una música e incluso una filosofía, la de la música hip hop.

T: Yo vengo de ahí, pero enseguida he evolucionado. A mí me gusta compartir la técnica del grafiti, pero no comparto la reivindicación de los egos y el sentimiento de ira que muchos transmiten, ese «aquí estoy yo». He sufrido esa persecución policial que la mayoría retan, pintando con estrés. Logré liberarme, ya que descubrí que ese no era mi camino. Justamente lo que me propuso Abraham era eso, no encasillar; lo que mostramos hoy con esta obra no es otra cosa que el fruto de una creación momentánea, pero no nos quedamos ahí, estoy convencido de que vamos a seguir creciendo.

Actualmente los medios no paran de insistir en la cantidad de lo que denominan «actos vandálicos», y que Palma es una de las ciudades más sucias del país. ¿Creéis que es necesario contar con espacios para la creación?

T: Los grafiteros se expresan de manera rebelde y pintan en cualquier lado. Yo estoy convencido que se generaría otro tipo de expresión si, como dices, crearán espacios públicos para poder desarrollarte y expresarse libremente. Te diré además que yo veo arte en todas las intervenciones, incluso en una mera firma. Ya que cualquiera de ellas, con el paso del tiempo, se transforma. En los rincones muertos que alberga la ciudad brota el color y se transforma en belleza. Mi obra en las galerías hace hincapié en eso, en las diferentes capas de intervención que hay en las calles.

A: El arte sale de una necesidad de expresar. En el caso de la mayoría de las rúbricas, nacen de una necesidad de autoafirmación. En cada nombre escrito con un spray no hay ganas de ensuciar la ciudad, sino de expresar un malestar, un acto de represión.

Me entristece que artistas de nivel estén soterrados. ¿No os gustaría que os hicieran un encargo desde la Administración?

A: ¡Que va, para nada¡ Estamos convencidos que estas cosas por un encargo municipal no saldrían nunca así; acabarían reprimiéndonos muchísimo. Mira, si observas con detenimiento, el costumbrismo mallorquín abunda en muchos rincones de la ciudad, pero lo que nos hemos atrevido a hacer nosotros se sale de lo políticamente correcto, ¿no crees?

T: Yo puedo reconocer que un encargo en un principio supone un gran desafío. Sin embargo, poco a poco luego no lo es, acabas siendo algo muerto. Para mí lo más importante a la hora de expresarme, ya que mi vida hasta ahora no me había permitido contar con una libertad sagrada, es poder hacerlo gracias al arte.

Confieso que me encanta volver al lugar y escuchar lo que provoca en la gente al verla. Eso no quita de que ambos tengamos muy claro que cuando acabamos una obra, ya no es nuestra, sino de la calle, y la calle genera un movimiento continuo, puede pasar cualquier cosa. La calle es una puerta de transformación. Y tienes que saber liberarte de ella.

A: Reconozco que a mí, me cuesta más que a él soltar. Por eso no dudo en dejar testimonio al fotografiarlas. Pero no dudo de inmediato en ponerme a pensar en otro proyecto. Algo similar a lo que estamos acostumbrados a oír de los directores de cine, que al estrenar su última película ya están pariendo la siguiente. La creación no es otra cosa que una pura necesidad de expresar algo interior que te brota, no se puede reprimir.

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Periodista y productora musical. Me formé en Madrid, en el grupo Prisa: Canal Plus, Cadena SER. Siempre atraída por la música, he colaborado en revistas como Neo2 o suplementos como Tentaciones de El País o el del Diario La Provincia en Canarias. De mi pasión por el flamenco, la cual me viene por mi raíz andaluza y del cual me considero una gran aficionada, conservo muy buenos recuerdos, ya que tuve la fortuna de conocer a los más grandes de este arte como cronista para Diario de Cádiz, Diario de Sevilla y la revista especializada La Caña.

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