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Publicado el 21 mayo, 2021

Mastodonte: “Lo que conecta con el espectador es que le descoloques la cabeza”

Por Víctor Manuel Conejo Manso

Si alguien quiere henchirse en el futuro y poder decir “yo los vi primero” este es el momento. MASTODONTE actuarán por primera vez en Mallorca, cuando ya son uno de los proyectos músico-artísticos en boca de casi todo el mundo en toda la Península, tanto en el sector del espectador como de los medios. Ya están de moda, muy de moda, al mismo tiempo que es creciente la sensación de que su dimensión va a crecer mucho, mucho más. Vienen a presentar La Transfiguración del Mastodonte, propuesta adelgazada de su álbum debut homónimo autoeditado en 2018 por su propia compañía, Factoría Madre Mastodonte: menos músicos y menos decibelio analógico en escena, pero reforzada en su ya particularidad inicial al estar revisada en clave electrónica. En el centro de la bestia audiovisual, el actor, cantante, compositor y en definitiva artista ASIER ETXEANDIA (Bilbao, 1975) junto con el multiinstrumentista, arreglista y en definitiva artista ENRICO BARBARO (Nápoles, 1969). Ambos participan en esta entrevista. O más exactamente: ambos estaban cuando empezaron las preguntas.

Sábado 29 mayo

Mastodonte en Géiser Festival de Primavera

Por empezar por algún lado, vayamos a por el titular: “Mastodonte. El proyecto complejo que conecta con el gran público”. ¿Os parece correcto?

Asier Etxeandia: No está mal.

El proyecto es desde luego ambicioso, y por contra, en absoluto minoritario. Eso es un triunfo porque la complejidad en España no se gestiona bien. O más bien, directamente no se permite.

A.E.: Supongo que te refieres al mundo del pop.

Claro. De hecho, es curioso porque en el teatro sí se permite mayor radicalidad. Sin necesidad de llegar a niveles de Angélica Liddell.

A.E.: Es posible.

¿Os sorprende o esperabais esa conexión con el público mayoritario?

A.E.: Creo que es justo porque hay una apuesta por la calidad. Es complejo, sí, pero también es interesante y es verdad. Y el público es inteligente. Parece que en la industria existe la costumbre de subestimar al público, de seguir ciertos patrones y siempre los mismos, cuando lo que conecta con el espectador es que le descoloques la cabeza. Me interesa todo lo que es complejo si es de verdad, si tiene identidad.

Enrico Barbaro: Tal vez sea también una ventaja de la edad. Vimos e hicimos cosas muy marcianas en los años 70 como para no necesitar más aquel nivel y al mismo tiempo ser capaz de alcanzar esa complejidad pero haciéndose entender. Hacer lo que hacemos ahora es simple coherencia. Ni nos asusta nada ni queremos asustar.

Por tanto Mastodonte conecta con el gran público porque es de verdad. Debe ser así, porque cuando hablas con gente que os ha visto en directo un comentario habitual es que en el escenario, ese espacio donde en la música es imposible engañar, en Asier ven a un músico, no a un actor.

A.E.: Tampoco es tan importante quién eres sino lo que haces. Hacemos lo que nos hemos atrevido a hacer, lo que nos emociona y lo que nos define ya no como artistas sino como seres humanos. Uno siempre imagina cómo transmitir el mensaje que quiere lanzar, y esta música es la que nos sirve para ello. Y los temas que tratamos son los que nos mueven, nos aterran y nos emocionan. En escena nos desnudamos aunque vayamos vestidos con gran barroquismo. Eso sí es una gran verdad: en Mastodonte el peso de los miedos es tanto como el peso del vestuario.

Sobre el extra de complicación que supone en España levantar proyectos tan personales: por mucho que uno tenga una dimensión consolidada en el sector, como tenéis vosotros, se pregunta uno cuánta es la diferencia entre el proyecto original que concebisteis en su momento y este Mastodonte que finalmente podemos ver.

E.B.: Es 100% lo que concebimos.

¿Sí? Sorprendente.

E.B.: Nos hemos esforzado mucho. Fue así en el primer bolo y sigue siendo con los que hacemos hoy. Nos hemos esforzado muchísimo a la hora de enseñar lo que mostramos en el escenario precisamente para lo que decíamos antes: que la gente se lo crea. Debe ser así porque a mí me sorprende mucho la reacción de la gente, por ejemplo, cuando vamos a festivales. Incluso de público muy joven. Probablemente la mayoría no nos conocen, no conocen las canciones, y sin embargo ves que conectan con esos marcianos que están en el escenario. Normalmente los que van a festivales tienen suficiente gusto musical para ser capaz de reconocer propuestas interesantes, o por lo menos reconocer el esfuerzo que se hace en el escenario.

A.E.: Sobre lo de actor o músico, diría que Enrico y yo somos artistas. No porque lo que hagamos sea arte sino porque estamos en esa búsqueda. En Mastodonte no soy actor primero porque no estoy recitando un texto que no es mío ni interpretando un personaje. Y Enrico no solo toca instrumentos. Lo que hacemos es abrirnos en canal para ser cobayas de nosotros mismos, al ser totalmente conscientes de lo que representa ser artista y lo que significa que estemos ahí, sobre un escenario. Que en el fondo es servir de espejo para el público, que ha venido porque busca reconocerse en lo que ve en el escenario, sentir debido a ello una catarsis, y salir de allí más llenos, o cambiados, o con más fuerza para enfrentarse a la vida.

Somos conscientes de que ese instante, ese concierto, tiene que ser único. Y esa labor atañe a un artista, no a un actor o a un músico. El artista debe ser consciente de cuál es su labor. Es algo que Enrico y yo tenemos clarísimo, y nos emociona profundamente hacerlo.

Esa es la labor del artista, y por eso siempre va a haber verdad: has llegado hasta ahí y tienes tus herramientas, vestuario, sonido, luces, etc., para lo que consideres, como convertirte en una prolongación de ti mismo. Y ahí lo que atrae al espectador o lo que hace que quiera estar ahí escuchando es la generosidad del artista.

Montamos este proyecto porque sentíamos una gran necesidad de comunicar algo, por algo muy nuestro y para nosotros, pero una vez allí arriba pensamos en el público y somos, queremos ser muy generosos. Primero porque sabemos lo que cuesta hoy día pagar una entrada para cualquier cosa, además de que cada uno viene con su tormenta propia desde su casa. Somos conscientes de que ese instante, ese concierto, tiene que ser único. Y esa labor atañe a un artista, no a un actor o a un músico. El artista debe ser consciente de cuál es su labor. Es algo que Enrico y yo tenemos clarísimo, y nos emociona profundamente hacerlo.

Sucede algo muy curioso cuando hablas con personas que os han visto en directo: prácticamente todos afirman que, al acabar vuestro concierto, lo primero que piensan es “Lo volvería a ver otra vez ahora mismo”.

A.E.: Es maravilloso cuando sucede y también excitante saber que puedes hacer que suceda. Es cierto que tenemos público que nos sigue y repite, incluso varias veces. Creo que hay una chica que nos ha visto casi sesenta veces. Es extraordinario ver a gente que sabe el espectáculo de memoria y que actúan casi como feligreses en un ritual pagano.

Asier: En una entrevista en 2013 te preguntaron “¿Ha sido 2013 el año de tu vida?” (era el año de El intérprete). La pregunta es obvia: ¿está siendo este 2021, el año de Mastodonte, el año de tu vida?

A.E.: No, qué va. Ya no. Cada año es el año de mi vida. Siempre que haya hecho un gran trabajo, que tenga visibilidad o sea un proyecto en el que te has expuesto y llame mucho la atención, trabajos en los que hay muchísimo esfuerzo y, por qué no, muchísimo drama detrás para poder sacarlo adelante, entonces será mi año. Ahora cada año ya es único, distinto de todos los demás, y de todos aprendes. Y ya no soy el mismo de 2013.

E.B.: Y más después de todo lo vivido.

A.E.: Exacto. Después de estos terribles años, 2020, 2021, creo que el coletazo final de 2022 va a ser una catarsis para todos. Nos va a cambiar a todos. Creo que será muy dramático, como todo lo que hemos vivido, pero por otro lado también muy regenerador. Creo que puede ser decisivo para una revolución, que espero que sea sobre todo cultural, humana y social. Ojalá.

No he podido ver El intérprete, aunque diría evidentes las conexiones: tú en primerísima primera persona tanto en el escenario como en la creación misma de la obra; Enrico también participó en ese montaje. Pero sí vi en su momento el Hamlet de 2009 o Infierno [montaje protagonizado por Etxeandia] de [el dramaturgo y director teatral esloveno] Tomaz Pandur. Sus obsesiones temáticas, soledad, incomprensión, excepcionalidad del individuo, son términos que se mencionan en los textos promocionales sobre Mastodonte. Si aquí hay una influencia y un peso específico que toca su ADN, es Pandur.

A.E.: Totalmente. Tomaz me influenció, me ha marcado como artista y como persona. Diría más: me atreví a ser artista, a hablar de mi dolor y a hacer lo que hago ahora, además de gracias a Enrico, gracias a él. Para mí fue un gran inspirador, un gran maestro…

[Se oyen ladridos creciente e insistentemente, y voces en la lejanía.
A.E.: Perdonadme un momento porque tengo ahora mismo un lío importante… es que ha llegado la carga…
Los ladridos y las voces se oyen ahora en primer término, mientras la voz de Etxeandia se va alejando. Barbaro ríe, cada vez más sonoramente.
E.B.: Le acaba de llegar todo el equipo.
“¡Ha llegado Amazon!”, exclamó, y Barbaro se carcajea brevemente. “¿Quieres que te llame en cinco minutos? O diez”.
A.E.: Os voy a tener que dejar. Lo siento muchísimo, disculpadme. Enrico, acaba la entrevista. Tengo que atender esto.
-“Cap problema, no te preocupes. Sigo con Enrico”.]

La vida cotidiana le afecta a todo el mundo.
Debe haber llegado todo el vestuario que llevamos a Alicante este fin de semana.

Sigamos. De Pandur me fascina su manera de contar las cosas. Su narrativa no solo no es lineal, sino que además incluye mucha simbología. O no solo eso: narra a través de sistemas de símbolos, de jeroglíficos. Y eso también está en Mastodonte: hay símbolos, hay contenido que no es evidente.

Sí, los hay. Nos gustan los mensajes encriptados. Hay mucho de eso en el maquillaje, como se ve en el videoclip de Glaciar. O en el vestuario de La transfiguración, el espectáculo con toda la banda. Nos ayuda a contar las cosas sin subrayarlas. Y creo que al público le gusta descubrir por sí mismo el por qué de algunas cosas, el por qué de cierto vestuario o de presentar las cosas de una determinada manera.

Volviendo a El intérprete: ¿hay que verlo como el capítulo 1 y a Mastodonte como el capítulo 2, o son entes autónomos, creaciones totalmente independientes?

De alguna manera hay alguna vinculación. Tiene que haberla estando quienes estamos. El intérprete es absolutamente autobiográfico. Para Asier, evidentemente. La infancia, el colegio, el reconocerse diferente y la importancia de defenderlo. El protagonista, la figura central, es todavía un niño. Y seguramente hay un continuum con esa figura adulta que protagoniza el viaje en Mastodonte, que ya ha superado ciertos traumas y se encuentra con una segunda oportunidad en la vida.

Eso es lo que representa la figura de Lord Byron [título de la primera canción del disco], en concreto, su muerte: la posibilidad de renacer tras ello. Normalmente los adultos nos cerramos en nosotros mismos, crees que nadie te entiende y que todo el mundo te juzga constantemente. Y no te atreves a enseñar lo que sabes hacer. Por ejemplo, hay mucha gente que no se ha dedicado al arte porque no ha tenido el valor de hacerlo. Esa inseguridad en la que vive el niño en El intérprete es el punto de partida del álbum de Mastodonte.

Se ha señalado a menudo lo “remixable” de muchas de vuestras canciones. Al tener ya un feeling poderoso y con mucho punch, se las ve muy adecuadas para ser remixadas, con destino obvio a la discoteca. Y tal vez se habla poco de que también tenéis muchas canciones enhebradas alrededor de una melodía preciosa, y que por tanto podrían funcionar, revisarse, precisamente a la inversa: digamos en acústico, con solo una voz y un instrumento de acompañamiento. Aunque de momento sea solo un planteamiento, ¿existe la posibilidad de ese ejercicio musical, un Mastodonte redux, mínimo, acústico?

La verdad es que lo hemos hecho bastante, pero sobre todo en entrevistas, cuando te piden que toques alguna canción allí mismo en el estudio. Normalmente me llevo solo la guitarra y hacemos ese ejercicio de desnudar al máximo la canción. Aunque de hecho, Simplemente perfecto, lo que estamos presentando ahora en dúo, es realmente una remezcla de todos los temas. He tenido que revisar todos los arreglos que escribí, y finalmente lo hemos llevado a un terreno más electrónico. Y la verdad, creo que va a sorprender porque no se parece mucho a, digamos, original. Obviamente hemos perdido algo de rock&roll sin baterías o guitarras eléctricas, pero por otro lado las canciones ganan mucha fuerza. Aún así, hay momentos, hay canciones que a través de la electrónica recuperan ese punch, esa agresividad.

Se puede leer por todas partes: Etxeandia es el cantante además de compositor y letrista principal, Barbaro es el arreglista y multiinstrumentista. Pero yo me pregunto: ¿quién es el productor de este disco, de este trabajo preciosista de producción musical? ¿Quién elige qué amplificadores y qué micrófonos vais a utilizar para grabar, quién es el que dice “esta intro es demasiado larga y la vamos a cortar”?

Hay que saber que hicimos el trabajo en dos partes. En la primera nos fuimos un mes a la sierra, en la que sobre todo hablamos y hablamos de la temática general del disco, para luego componer. Ahí ya hubo una primera reflexión: ¿en qué estilo enfocamos esta música? Ahí fue cuando nos dijimos que con la edad que tenemos no nos cuadra estar encerrados en barreras estilísticas porque nos gusta de todo. Y decidimos que cada canción iba a tener el estilo musical que mejor le siente a letra y tema que trata. Por eso el disco es tan variado y pasa por bossa nova a algo que parece Pink Floyd y a otro tema que suena a Nine Inch Nails o Bowie. Nos pareció lo más coherente. Luego es la manera de interpretar de Asier lo que le da unidad y coherencia al conjunto.

Y ahí llegamos a la producción: la hicimos a la vez y los dos juntos. Yo me metía en las letras tanto como Asier me señalaba arreglos que quería modificar. Yo controlo más de máquinas, de programación, y de tocar diferentes instrumentos, pero ambos nos sugeríamos mutuamente cualquier cosa. Por tanto, la producción al final ha sido cosa de dos.

Por tanto el equilibrio entre el técnico y el impulsivo ha funcionado.

Sí porque los dos zurrábamos al otro en el culo si creíamos que había que hacerlo. Eso podemos hacerlo porque ninguno de los dos tiene un ego fuerte que se empeña en defender, y porque nos queremos tanto como nos respetamos y admiramos mutuamente.

Y la última cuestión, que tenía pensada precisamente para ti. Aún no habéis tocado en Italia. Y tu país es social y culturalmente muy, muy diverso. ¿Dónde te gustaría que fuera vuestro primer concierto?

¡Oh! Me encantaría. Cierto, Italia lo es. Pues primero, por supuesto, en mi ciudad.

Pues Nápoles es también muy, muy particular.

Es muy especial. Grabamos allí baterías, guitarras, cuerdas y todos los instrumentos durante 25 días. Fue cuando Asier, que no había estado nunca, conoció la ciudad y flipó. Primero porque es un puerto, y además mediterráneo. Luego porque es muy antiguo: la fundaron los griegos, por eso tiene casi 4.000 años de historia. Es una de las ciudades de Europa de mayor mestizaje porque ha tenido invasiones de todo tipo. Era un puerto muy estratégico al estar en el centro del Mediterráneo. Por eso no existe el napolitano estrictamente hablando. Todos estamos mezclados.

¿Y cómo es el público de Nápoles? Siendo la zona geográfica de Pompeya, Herculano y el Vesubio, la Costa Amalfitana, la Grotta Azzurra, Ravello, Positano o el Palacio de Capodimonte. ¿Elitista?

No, qué va. Es un público muy agradecido, precisamente porque le gusta ver de todo. Y porque le gusta mucho las cosas de verdad. Asier les volvería locos a todos. Su figura, tan completa sobre un escenario, es muy potente, prácticamente única en España ahora mismo.

Pues habrá que ir pensando en tocar una tarantella [baile y también música populares, documentadas ya en la Edad Media, de movimiento muy vivo].

Seguro que lo haremos.

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Periodista de Cultura desde 1997. Lo último, 18 años en Diario de Mallorca (también como diseñador editorial). Antes recuerda haber pululado por Cadena Ser/Radio Mallorca, IB3 TV/Ràdio, Mondo Sonoro Balears, Youthing o Radioaktivitat, más diversas promotoras, productoras, agencias de comunicación, centros de creación y gestión cultural, etc. Ingresos extra como DJ y liante.

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