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Publicado el 1 mayo, 2022

Tina Brooks se cansó de esperar

Por José Luis Miró
Tina Brooks por Francis Wolff - Mallorca Music Magazine
Tina Brooks por Francis Wolff

El éxito tiene la fea costumbre de supeditarse al carisma. Un artista puede poseer una técnica depurada y ser un notable creador, tener verdadero talento, pero si carece de la innata cualidad para atraer las miradas, ese “algo” que nadie sabe muy bien qué es, difícilmente obtendrá la notoriedad necesaria para alcanzar la gloria. Puede que haya excepciones, incluso que determinado déficit para las relaciones sociales acabe por configurar un arquetipo de carisma –el del artista ensimismado–, pero no es el caso que nos atañe.

Harold Floyd Brooks (1932-1974) fue uno de los saxofonistas tenores más brillantes de su tiempo, y eso en los años 50 y 60 del siglo XX significaba ser realmente muy bueno. Hoy -a buenas horas- es unánime la opinión de que Tina Brooks, así llamado desde su infancia por su escasa estatura y su carácter retraído, debió ser reconocido como uno de los grandes jazzistas de su época.

Nadie pone en duda su calidad como instrumentista, compositor y arreglista: se alaba el “flujo asombroso” de sus interpretaciones, el tono “fuerte y suave” que le sacaba al saxo, el gusto para crear melodías sofisticadas; en definitiva, la personalidad indiscutible de su sonido y su capacidad creadora. Sin embargo, su obra grabada se circunscribe a cuatro discos como líder, de los que tres fueron publicados muchos años después de su muerte.

Tina, en resumidas cuentas, era un grande sin demasiado carisma, un tipo de temperamento cohibido y sin cualidades sociales al que la industria musical de su tiempo, quizás por este motivo o simplemente porque había mucho donde elegir, decidió ignorar, sumiéndolo en una depresión que duró desde 1961, año de su retiro discográfico, hasta su muerte en 1974 a causa de un fallo hepático descrito como “un desvanecimiento general”. Como muchos de sus colegas coetáneos, el abuso de las drogas hizo mella en su ánimo y en su salud. Sus últimos años fueron terribles. Pasó por la cárcel y fue ingresado en varias ocasiones debido a sus adicciones. Muchos llegaron a darlo por muerto antes de hora.

Tanta desgracia está directamente ligada a sus fracasos discográficos. El único álbum lanzado en vida de Tina Brooks, el excelente True Blue, se vio eclipsado por la publicación simultánea en 1960 de Open Sesame, de su amigo Freddie Hubbard, grabado en el mismo estudio de Rudy Van Gelder la semana anterior. Brooks fue, de hecho, el saxofonista tenor de esta última sesión, y el arreglista de dos de los temas.

Siendo ambos trabajos de homónima calidad, el de Hubbard funcionó mejor que el de nuestro desdichado protagonista, quien para entonces ya había visto como las cintas de su primera grabación, Minor Move (1958), se quedaban cogiendo polvo en los archivos de Blue Note. En septiembre del 60 entró de nuevo en el estudio para dejar registrado su tercer disco, Back to the Tracks, otra notable muestra del talento de Brooks como artista principal que, por alguna razón inexplicable, no vio la luz hasta los años 80.

La puntilla a esta sucesión de ninguneos la puso un disco de título premonitorio, The Waiting Game, grabado por Van Gelder en 1961 y que permaneció guardado en un cajón hasta 2002, cuando el famoso técnico de sonido lo remasterizó para la serie de reediciones en CD de Blue Note que conforman el grueso de mi pequeña colección.

Al terminar esta sesión, en la que estuvo acompañado por Johnny Coles (trompeta), Kenny Drew (piano), Wilbur Ware (contrabajo) y Philly Joe Jones (batería), Tina Brooks acababa de cumplir 29 años y tenía toda una carrera por delante. Pero nunca volvió a grabar. Se cansó del juego de esperar.

Tina Brooks - Good Old Soul

Cualquiera de los álbumes comentados es más que recomendable. Puesto a elegir, me quedo con True Blue, cuyo primer corte, “Good Old School”, escrito y arreglado por Tina Brooks, arranca con uno de los riffs más potentes de todo el periodo hard bop. El solo de tenor tiene, en efecto, ese sonido “fuerte y suave” del que habla la tardía crítica, y un ligado de notas muy característico. Las improvisaciones posteriores de Freddie Hubbard a la trompeta y Duke Jordan al piano sobre la base rítmica de Art Taylor (batería) y Sam Jones (bajo) cierran el círculo de una canción muy bien concebida, redondita, de esas que uno no dudaría en elegir de sintonía si en lugar de un blog esto fuera un programa de radio.

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Publicado por:

Periodista desde 1991. Familia, hard bop, mar, boxeo y rock. Por este orden. Team Frazier.

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