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Publicado el 23 marzo, 2021

Tuco Martín: «La cámara nunca se sabe las canciones o los ciclos de las luces»

Por Víctor Manuel Conejo Manso
Fotos de Tuco Martín

Por encima de todo, fue un alegrón. Como el mismo fotógrafo Tuco Martín dice, la vida que nos imponen hoy día es «sosa y gris», y es por ello que su exposición Temp(o)s grisos se siente como el día más luminoso editado por el mejor Photoshop posible.

Son instantáneas de conciertos y ensayos, la especialidad de este gran retratista de personajes y escenas, nombre ya fundamental cuando se trata de fotografiar la verdad que hay en la música. La verdad del ruido.

La exposición Temp(o)s grisos puede visitarse durante marzo y abril en La Familia, Costa ca’n Muntaner 7 bajos, local 1, Palma. Tlf. 971 447 867.

Primero no la pregunta, sino el juicio: ¿aprendiste en papel o en digital?

[ríe] ¡En papel, en papel!

Parece mentira que en toda disciplina artística haya integrismos formales.

Pues por si acaso yo soy de vieja escuela. Empecé con papel, negativo, líquidos y 36 disparos.

En lo que atañe al ojo: ¿ves diferencia entre formarse en papel o ser nativo digital?

Te condiciona a la hora de disparar, obviamente. Antes ibas al foso con un carrete de 36, ahora somos una metralleta. Yo mismo me autolimito para no disparar tanto. Admito que demasiado a menudo soy de gatillo fácil, y por eso a menudo hago el ejercicio de ir a un bolo con la idea inamovible de hacer 36 disparos, aunque sea solo por añadir un extra al trabajo y no aburrirme.

Ya no se ve aquella escena clásica en el foso durante un concierto o en una rueda de prensa: los fotógrafos inmóviles como estatuas… y de repente ¡click! Solo uno, o de tres a seis como mucho.

Y tampoco tenías una pantalla por donde mirar, tenías que ser muy consciente de qué tipo de carrete llevabas… Si lo piensas, antes era más democrático: todos teníamos los mismos carretes, el profesional y el aficionado, solo difería la óptica. Hoy día puede haber mucha diferencia en el coste de los equipos, y tener ese respaldo técnico ayuda en según que situaciones, mucho más que hace unos años.

Como poder disparar a 128.000 ISO.

Locuras así. Antes, con suerte pillabas un carrete de 6.400 y decías «¡a lo loco!». Te sentías en la gloria.

Menos cuando forzabas ese carrete un par de pasos y luego te olvidabas de decirlo en el laboratorio.

[ríe] ¡O disparabas mal y decías «baaaaah, da igual»!

El histórico Xavi Mercadé dijo: «Me da igual el género musical. En todos los conciertos hay siempre una foto». ¿De acuerdo?

Totalmente. Xavi es un Over the Top. Siempre ha estado y siempre está ahí. Tuve la ocasión de conocerle cuando vivía en Barcelona y certifico que todo lo que diga es cátedra, un dogma. Es el Papa.

¿Y cuál es tu truco cuando no pasa nada sobre el escenario? Porque hay directos mortecinos. ¿Gran angular, que una panorámica siempre queda resultona?

Buscar el detalle o el momento y no lo explosivo. Buscas en las sombras o en las luces, o algo más artístico en lugar de la imagen potente por sí misma. Buscas otro lenguaje. Menos si eres Xavi, que es el maestro de los saltos. Le he visto sacarle saltos a Peret.

Otro grande, Uly Martín, histórico de El País: «Lo peor que te puede pasar en un concierto es darte cuenta de que estás molestando». ¿Tú cómo te haces invisible?

Eso lo aprendí en Barcelona. Por ejemplo: nunca estoy todo el tiempo en el foso, sobre todo si no hay restricciones muy estrictas. Siempre procuro no molestar, tanto al artista como al público, que ha pagado su entrada y no para verme a mí. Incluso suelo pedirles permiso a los de primera fila, y explicarles cuánto tiempo voy a estar ahí. Por eso tampoco soy mucho de subirme al escenario o de estar muy cerca de los artistas. Llega, dispara y vete, que no te vea nadie.

Hubo revolución y guerra entre marcas con las full frame, luego con las sin espejo. Ay, la técnica. ¿Qué lugar le das a la técnica?

Claro, esa es la cuestión: en fotografía de conciertos, que hay situaciones más radicales de lo habitual, tener un sensor grande siempre te va a ayudar. Si trabajase con placas sería otra cosa. Pero en el fondo me da igual: me gustan las cosas que hacen fotos, aunque la verdad es que el móvil ya es otra cosa. No lo uso mucho. Yo trabajo con Nikon porque es con lo que empecé, pero he disparado con Canon, Sony, etc. Lo que sea. Me da igual lo que tenga, hay que sacarle el jugo.

Otro grande aseguró: «Yo solo sé encuadrar». A veces ves fotos hechas con un cuerpo de cámara de 6.000 € que parece que han olvidado cosas esenciales, como encuadrar.

Se confía mucho en la técnica de la propia cámara. Hace poco he estado probando nuevo material de Nikon que funciona como las Sony: siempre enfoca la pupila, sea cual sea el punto o el cuadro en el que esté. Da igual, vas a tener foco. Normalmente te encuentras con situaciones de poca luz en las que tienes que prever dónde va a estar la cara o la guitarra, pero cada vez más la cámara resuelve por ti. Te ayuda, y puedes dedicar mucho más tiempo a otras cosas como encuadrar o hacer algo más artístico. Últimamente he trabajado con una pantalla táctil que te permite enfocar con el dedo, y me da todo ese margen.

Ante tal desarrollo de la tecnología, ¿el instinto del fotógrafo sigue teniendo su lugar? Por ejemplo con el autofoco: si hay mucho humo, algo habitual en conciertos, por muy desarrollado que esté podría estar leyendo mal la escena.

Exacto: la cámara nunca se sabe las canciones, o los ciclos de las luces. Sigue habiendo aspectos que solo van a ver tu ojo o tu instinto. Saber ver que va a pasar algo, y no depende de saberse las canciones.

Es decir: el mejor amigo de un fotógrafo de conciertos sigue siendo el técnico de luces.

¡Sí! Es una relación de amor-odio. Además porque cada vez se ilumina con menos luz. En las giras grandes, donde hay un técnico que siempre acompaña a la banda, ves claramente cómo todos y cada uno de los integrantes está siempre iluminado. Pero a veces en conciertos estándar o una sala de repente te das cuenta de que no has visto al batería en todo el concierto. Yo siempre procuro sacarle, que digo yo que también tiene padre o madre, pero a veces te encuentras con que si ni siquiera puedes verle con tus ojos cómo va a verle la cámara. También se nota mucho cuando el técnico de luces no está al nivel de la sala sino en alto. Ahí estás viendo el rebote en el suelo, y la luz no tiene nada que ver con lo que se ve abajo. Todo es más oscuro. Por ejemplo, no ves los contras. La verdad es que en la isla no suelo tener problemas: quieras o no, nos conocemos todos. Así que me acerco, saludo al coleguilla y le digo «dame un poco de vidilla» [ríe].

Gervasio Sánchez, premio Nacional de Fotografía: «Fotógrafo no es quien tiene un equipo profesional ni miles de fotos, sino quien tiene un proyecto». ¿Cuál es el tuyo?

Creo que lo he visto más claro que nunca en estos tiempos recientes, y de ahí el título de la expo: lo que realmente me gusta es hacer fotos a bandas. Hay quien se va de safari a fotografiar animales o paisajes. Mis animales están en un local de ensayo. Porque me gusta incluso más que los directos: esos momentos puros en los que me doy cuenta que ya no estoy para ellos y están a su trabajo, sus rollos, sus roces o lo que sea. A veces pienso que si me hubiese quedado en Barna podría tener un montón de fotos de los Maiden, pero luego pienso: es que la gente de Barcelona no puede tener fotos de las bandas de aquí. Mi proyecto es tener un archivo inmenso de los grupos de aquí. Me da igual el género, solo gente que haga música donde sea: un local, su casa, por ahí tirados o en una iglesia. Si hay música y ruido, quiero entrar.

¿Qué equipo sueles llevar?

Suelo llevar la Nikon 850 como cuerpo principal con los tres ART como objetivos: el 20, que disparo muchísimo pues me encanta el gran angular, 35, el 50 como capricho, y 85. Si me toca una sala, lo habitual: 24-80, 70-200, cosas así. Pero si me tuviese que quedar solo con uno sería el 20mm 1.4 ART de Sigma. Es muy bonito para los que nos gustan los angulares, y es lo que me puedo permitir.

¿Y qué fotos hacía Tuco Martín cuando tenía una cámara de juguete?

Lo que te daba la Nikon F60, que es la que compré para la carrera. Con su 18-35 fulero de toda la vida que realmente era un 28. Con ese pisapapeles.

¿Te gustan las fotos que hiciste entonces?

Les encuentro una esencia muy particular. A veces me pregunto cómo hice tal o cual foto, sobre todo recordando que a veces llevaba un solo carrete para tres bandas y disparaba doce fotos para cada una. Incluso he hecho expos con aquellas fotos.

Sobre otra discusión ya eterna: los programas de edición. Evidentemente, el trabajo de retoque que antes hacías en el laboratorio después lo obtenías con el software de turno. Nuevo soporte, el digital, nueva herramienta. Ningún problema. Pero la nueva generación de programas, como Luminar, que trabajan con Inteligencia Artificial, añaden cosas que no están en la foto. Si tienes un cielo plano y aburrido, te incrusta uno espectacular, hasta dramático. Y ahí, ya diría que no.

Embellecer o favorecer, bien. Quitar y poner, no. Por ejemplo en la típica foto en la que el pie de micro te parece que estorba. Te tienta coger la herramienta de clonar y quitarlo, pero no. Retoque todo el necesario. Yo disparo en color pero expongo en blanco y negro, por tanto hago una interpretación de ese color, lo edito y me lo llevo a mi preset, al blanco y negro que me gusta y controlo.

Acabando con tu exposición, el título significa sencillamente lo que parece: te echamos de menos, rock&roll.

Exactamente. Era jugar con el concepto musical de tempo. Un mix sobre los tiempos que vivimos, sobre la gente que lo está pasando mal, sobre este stand by raro en el que estamos. No sabemos cómo movernos, cómo abrazarnos. Si fuera todo negro sería oscuridad, nada más. Pero es un término medio descafeinado, sin sabor, insípido. Es una vida sosa, gris.

La verdad, pensé que en la expo me iba a encontrar un montón o una mayoría de fotos de gente con mascarilla.

No lo quise plantear así. He ido a muy pocos conciertos porque a pesar de que el comportamiento de las salas ha sido ejemplar, el tipo de conciertos que se estaba haciendo, con todo el mundo sentado, no era mi rollo, respetando mucho a quienes hayan ido a verlos o a fotografiarlos. Pero a mí me cortaba mucho, y eso que como fotógrafo me podía mover por la sala. He preferido seguir apoyando la escena comprando discos o camisetas. Además, me muevo mucho por conciertos de música extrema, y no poder moverse lo hace todo muy complicado. Ha sido muy jodido porque por precaución también dejé de ir a ensayos, pero había que hacer las cosas bien. Lo estoy retomando, pidiendo permiso a algunas bandas, porque necesito ruido.

A veces no se ha dicho, y merece decirlo: que vuelvan los bolos por los músicos, por los técnicos, por el público, pero también por los fotógrafos.

Sí, por favor. Ya falta menos. Yo soy optimista.

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Periodista de Cultura desde 1997. Lo último, 18 años en Diario de Mallorca (también como diseñador editorial). Antes recuerda haber pululado por Cadena Ser/Radio Mallorca, IB3 TV/Ràdio, Mondo Sonoro Balears, Youthing o Radioaktivitat, más diversas promotoras, productoras, agencias de comunicación, centros de creación y gestión cultural, etc. Ingresos extra como DJ y liante.

Comentario: 1

  • Steve Mcflurry

    Responder 23 marzo, 2021 - 14:30 h.

    Excelente entrevista, hace tiempo que le sigo la pista a este mago de la luz. No me esperaba que ahondarais en técnica fotográfica, delicioso. Espero poderle ver pronto en acción inmortalizando la escena de la isla. Enhorabuena.

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