
Miércoles 17 de junio en el Estadi Mallorca Son Moix.
Alejandro Sanz hace vibrar Mallorca en un reencuentro cargado de emoción
Andrea Arroyo
Carlos Fernández (ver galería)
Más de una década después de su última actuación en la isla, Alejandro Sanz regresó este miércoles a Mallorca en un concierto enmarcado en el ciclo Mallorca Concert Series y organizado por Grup Trui, para reencontrarse con un público que llevaba años esperando su vuelta. El propio artista recordó durante el concierto su anterior visita en la plaza de toros, evocando una noche que muchos de los asistentes aún guardan en la memoria. Por eso, lo vivido en el Estadi Mallorca Son Moix fue una de celebración de todas las partes: la de un artista que volvía a una tierra que siempre le ha demostrado cariño y la de miles de seguidores que por fin podían volver a cantar junto a él.
Miles de personas de todas las edades acudieron a la cita con uno de los artistas más queridos de la música en español en una noche cargada de emoción, recuerdos y canciones que han marcado a varias generaciones. Mucho antes de que arrancara el espectáculo ya se respiraba un ambiente especial. Las largas colas para acceder al recinto y el incesante goteo de coches rumbo a Son Moix reflejaban la enorme expectación por un concierto que era mucho más que una actuación: era un reencuentro esperado durante años, una velada destinada a quedar grabada en la memoria de quienes la vivieron.
El concierto arrancó con un cálido “Bona nit, Mallorca”, recibido con una ovación ensordecedora. A continuación, sonó «Desde cuándo» y Son Moix comenzó a transformarse en un gigantesco karaoke. Poco después llegó «Por bandera», momento en el que Sanz tomó una bandera mallorquina y la agitó sobre el escenario, provocando una de las primeras grandes explosiones de entusiasmo de la noche.
Miles de teléfonos móviles se elevaban sobre las cabezas de los asistentes durante buena parte del concierto: pantallas iluminadas grabando cada canción, cada mensaje y cada gesto del artista. Con una puesta en escena respaldada por una gigantesca pantalla audiovisual y un potente despliegue técnico, durante más de dos horas repasó buena parte de una carrera que acumula décadas de éxitos. Sonaron «A la primera persona», «Mi soledad y yo», «Quisiera ser», «Amiga mía», «El alma al aire», «Marciana», «No es lo mismo» y otros muchos temas que fueron recibidos como auténticos himnos.
Entre canción y canción, Sanz se mostró cercano y agradecido por el cariño recibido en la isla. En uno de los momentos más significativos pidió al público que se tomara el tiempo de estar allí, de disfrutar del instante y de vivir plenamente lo que estaba ocurriendo. También hubo espacio para la reflexión; el cantante habló de la importancia de expresar las emociones y de pedir ayuda cuando las cosas no van bien. “Si estás mal, hay que decirlo. No pasa nada”, transmitió a los asistentes antes de dar paso a uno de los momentos más íntimos y sentidos del concierto.
La banda, impecable durante toda la actuación, acompañó con precisión cada uno de los cambios de registro del repertorio. Sanz quiso además ceder protagonismo a sus músicos en una larga presentación individual que permitió conocer a cada integrante del grupo. Un reconocimiento sincero al trabajo de quienes lo acompañan en gira, aunque quizás algo extenso para quienes esperábamos seguir enlazando canciones.
La sorpresa de la noche llegó en la recta final con la aparición del artista mallorquín Domingo Zapata, que subió al escenario para pintar en directo el piano de Sanz. Una escena inesperada que añadió un componente artístico y visual a una actuación que hasta entonces había estado centrada casi exclusivamente en la música.
Antes de despedirse, el cantante dejó un último mensaje cargado de afecto: pidió a los asistentes que se quisieran mucho y que disfrutaran de la vida. Después llegó el momento más esperado. Los acordes de «Corazón partío» desataron una explosión definitiva de emoción para poner fin a la fiesta. Son Moix entero cantó al unísono uno de los grandes clásicos del pop español, en una imagen que resume perfectamente lo vivido durante toda la noche. Alejandro Sanz logró conectar con varias generaciones a través de canciones que forman parte de la vida de muchas personas. Un concierto convertido en un viaje de recuerdos, emociones y complicidad. Su música podrá despertar opiniones distintas, pero difícilmente deja indiferente.








































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