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Publicado el 13 julio, 2026

Pablo Alborán en Son Fusteret

Pablo Alborán en Son Fusteret · Mallorca Music Magazine

Con Manuel Reina (batería), José Marín (guitarra), Carlos Sagaste (vientos), Adrián Schinoff (teclados) y Carlos Martín (percusión).

«En Mallorca casi nada me hace daño»:
Convertir Son Fusteret en un refugio para sanar heridas

 

Patricia Gelabert
Xavi Vidal (ver galería)

Hay conciertos que se disfrutan y otros que se sienten. El de Pablo Alborán en Son Fusteret perteneció a la segunda categoría. Durante más de dos horas, el malagueño convirtió el recinto palmesano en un lugar donde la emoción encontró espacio entre baladas, confesiones y un espectáculo visual impecablemente diseñado.

La noche comenzó a las 21:30 horas con una imagen tan sencilla como poderosa. Vestido con una camisa blanca y pantalones claros, sobre un escenario dominado por un fondo negro y acompañado por una banda también vestida de negro, Alborán apareció iluminado únicamente por un punto de luz. Un contraste que marcó el tono de un espectáculo elegante, cuidado y profundamente emocional.

A su lado, la banda perfectamente compenetrada sostuvo cada matiz del concierto: Manuel Reina a la batería, José Marín a la guitarra, Carlos Sagaste en los vientos, Adrián Schinoff a los teclados y Carlos Martín en la percusión.

Tras las primeras canciones, el artista se dirigió por primera vez al público con una promesa que definiría el resto del concierto: “Esta noche nos hemos propuesto muchas cosas, pero la principal es dejarnos la piel en este escenario, Mallorca. Si habéis venido con alguna herida del pasado, esta noche os la voy a curar, lo prometo”

Y así fue. A lo largo del repertorio, Pablo alternó momentos íntimos con otros cargados de humor. Antes de interpretar una de sus canciones de desamor explicó que estas “se escriben para curarse”, para cerrar heridas y abrir nuevas puertas. Entre risas, recreó la escena de encontrarse a un ex paseando de la mano con quien aseguraba que “solo era un amigo”. “A mí no me ha pasado, ¿eh?”, bromeó, provocando las carcajadas del público. “Pero si a ti te ha pasado… esta canción es la tuya”.

El concierto también dejó espacio para el reconocimiento a quienes cuidan de los demás. Antes de interpretar «Planta 7» dedicó unas palabras a los profesionales sanitarios.

“Esta canción va dedicada a nuestra sanidad pública. A los que se pasan los días y las noches sin dormir protegiéndonos y cuidándonos siempre con una sonrisa. No nos olvidemos de ellos. Y, por favor, donad médula, porque salva vidas”.

Uno de los momentos más especiales llegó cuando invitó a una decena de asistentes a subir al escenario. Sentados a su alrededor mientras interpretaba una de sus canciones más íntimas, se vivió una escena que emocionó a todo Son Fusteret. Una de las chicas no pudo contener las lágrimas. Pablo detuvo unos segundos la interpretación, le dijo con ternura “no llores” y le besó el dorso de la mano antes de continuar cantando. Un gesto espontáneo que resumió la cercanía que mantiene con su público incluso después de dieciséis años de carrera.

No faltaron algunos de sus grandes clásicos, como «Perdóname» en versión bachata, «Pasos de cero», «Saturno», «Solamente tú» —interpretada únicamente con guitarra española— o «Por fin», además de presentar «Tiempos bonitos», publicada apenas un día antes del concierto.

Pablo Alborán en Son Fusteret · Mallorca Music Magazine

El artista también quiso detenerse para agradecer a quienes hicieron posible que hoy siga llenando recintos: “Gracias a los que hace dieciséis años hicieron posible este sueño”.

Uno de los grandes regalos de la noche llegó por sorpresa. Alborán explicó que una artista a la que admira profundamente había estado recientemente en Mallorca y quiso dedicarle una canción que marcó su adolescencia y la de su familia. Cuando comenzó a sonar «Desconocidos» apareció inesperadamente sobre el escenario La Mari, vocalista de Chambao, provocando una de las mayores ovaciones de la noche. La cantante dejó además una reflexión que conectó perfectamente con el espíritu del concierto: “Cada vez que cumples años empiezas desde tu kilómetro cero”

Precisamente «Km 0» fue otro de los momentos más emotivos de la velada. Mientras sonaba la canción, las pantallas proyectaban imágenes de un Pablo Alborán niño, ya con dotes de artista. La emoción se mezcló con una frase de la propia canción que, en referencia al concierto de esa noche, Pablo adecuó: “En Mallorca casi nada me hace daño”.

El tramo final mantuvo la intensidad. Tras interpretar «Te prometo», «Copiloto» y otros temas de su repertorio, sorprendió al público cogiendo una darbuka para arrancar los primeros compases de «La fiesta», incluida en su álbum «Vértigo», antes de afrontar el desenlace del concierto.

Después de dos horas sin apenas pausas, el malagueño se despidió de Mallorca con la misma cercanía con la que había comenzado. “Mallorca, ha sido un sueño volver. Espero vernos pronto. Gracias por el cariño”.

Más allá del repertorio, la actuación destacó por una ejecución vocal prácticamente impecable. Afinado de principio a fin, el cantante volvió a demostrar por qué está considerado una de las mejores voces del panorama nacional. A ello se sumó un trabajo visual sobresaliente: proyecciones, iluminación y movimientos escénicos perfectamente sincronizados con cada canción, creando una experiencia inmersiva que acompañaba las emociones que se podían vivir.

El concierto, además, llegó tras varios cambios de ubicación. Inicialmente previsto en la plaza de toros de Palma, posteriormente trasladado al Velòdrom Illes Balears y finalmente celebrado en Son Fusteret, el espectáculo encontró en este último recinto el escenario perfecto para una noche en la que Pablo Alborán volvió a demostrar que, más que ofrecer conciertos, sabe construir refugios emocionales para miles de personas, y de cualquier edad.

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Escritora y soñadora a tiempo completo. Fiel al cuero y las tachuelas, a los labios rojos y a las primeras filas de los conciertos.

Con más pasiones que horas disponibles. Como músico frustrado, encontré un nuevo vínculo con la música en el mundo audiovisual. Más de vídeo que de foto, más de fosos que de público.

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