
Martirio: “Al sur del tango” (Festival BarnaSants).
Con Olvido Lanza (violín), Jesús Lavilla (piano) y Marcelo Mercadante (bandoneón).
Sábado 31 de enero en el Teatre Principal d’Inca.
Compás y melancolía
Fátima Yráyzoz
Nena Carbonell (ver galería)
El Teatre Principal d’Inca acogió una de esas propuestas que no se limitan a sonar sino que cuentan, evocan y sobre todo atraviesan. “Al sur del tango” es un espectáculo donde la artista Maribel Quiñones, Martirio, nos ofrece una lección magistral de cómo el popular género argentino se deja acariciar y sacudir bajo el compás flamenco, en una fusión sin artificios sino como todo lo que viene haciendo hoy esta gran diva del jazz y la copla, de corazón y con una verdad emocional. Con un bagaje de más de treinta años de carrera tras su inicios en la década de los 80, este último espectáculo llega gracias al Festival BarnaSants.
El sonido del primer acorde en el bandoneón del argentino Marcelo Mercadante ponía en alerta a un público que casi llenaba el aforo del Principal. Al poco se sumaron el genial acompañamiento del pianista flamenco gaditano Jesús Lavilla, y los elegantes acordes a las cuerdas del violín de la catalana Olvido Lanza, arrancando el primer tema, instrumental y de título «Adiós Nonino».
Bajo un fondo de luz rojiza aparecía la que hoy día puede denominarse como diva de la copla y el jazz, refiriendo a esas que vislumbramos en blanco y negro porque nos referimos a las más grandes y clásicas. Quiñones subía a las tablas con su personalísimo e inconfundible look. Cubriendo sus ojos verdes tras sus habituales gafas, peineta en el cabello siempre con moño recogido y, para la ocasión, túnica con enorme y brillante palmera, con la que no dudó en hacer algún guiño al personal.
Quizás más comunicativa que en otras ocasiones, la onubense explicó que este trabajo es el resultado de una exhaustiva selección de tangos del sur de Argentina, bajo su parecer los que más similitud ofrecen a la hora de fusionarse con los compases flamencos. De esta manera quiso adelantar el viaje en el que nos íbamos a sumergir y donde iban a dialogar los dos grandes géneros. A fuego lento, como los grandes platos, se han ido fraguando las connotaciones comunes: tango y flamenco en un espectáculo que nos llevaría a navegar de una orilla a otra del Atlántico. Partiendo desde el puerto de su Huelva natal (tierra y a sus paisanos, a quien no dudó en mencionar tras el reciente accidente de tren), y gracias a los compases y aires flamencos del pianista, hasta atracar en Puerto Madero, Buenos Aires, y adentrarnos en el popular y tanguero barrio de La Boca bajo la melancolía del ritmo del bandoneón, paseando por la interminable calle Corrientes sobre las cuerdas del violín.

Tal como destacó la cantaora, el espectáculo en directo se ha adelantado a la grabación en estudio del mismo. El repertorio parte de la raíz de los grandes del género, desde Carlos Gardel a Piazzolla y Discépolo, además de la voluntad de la propia Martirio de rendir homenaje a las mujeres tangueras incluyendo temas de Eladia Blázquez, sumados a piezas de célebres como los hermanos Expósito, Canaro, Contursi o Mores.
Con elegantes melodías emprendimos viaje a través de conocidos y populares tangos como «Naranjo en flor» de Virgilio Expósito, «El corazón al sur» de Blázquez, «El día que me quieras» de Carlos Gardel o «En esta tarde gris» de Contursi, entre otros. El homenaje a ellas, a las mujeres del tango, llegó con «Porque vas a venir», famoso vals de tango compuesto por Carmen Guzmán con letra de Mandy, nombre artístico de Amanda Velazco.
Hubo momentos de guiños y los contoneos habituales de la artista, de confesar su relación personal e idilio con esta popular música que descubrió gracias a sus primeros viajes a la capital de la mano de quien fue durante muchos años su pareja artística a través del flamenco jazz. Así se refirió al genial e internacional pianista también gaditano Chano Domínguez.
Dentro del cuidado y escogido repertorio de más de quince canciones no podía faltar el tango tantas veces versionado en nuestro país «Volver», compuesto en 1934 con música de Gardel letra de y Alfredo Le Pera. Hubo momentos brillantes en la interpretación de «Chiquilín de Bachín» o «Balada para un loco», ambas obra de dos grandes mitos como Piazzolla en la música y el poeta uruguayo-argentino Horacio Ferrer en la letra.
Como cierre volvió al punto de partida con la tanguera Blázquez, ofreciendo con «Siempre se vuelve a Buenos Aires» un canto de aliento a todos los que dejaron su tierra atrás. Tras más de noventa minutos de actuación, dos bises como regalo ante los aplausos de un público entregado, entre los que había numerosos argentinos residentes en la isla. De nuevo y gracias al genial trío de músicos que la acompañaba, demostrando un fluido diálogo a ritmo de las populares «Sevillanas argentinas».
Como broche final, la diva onubense dejó una estampa magistral, dominando como pocas con elegancia y poderío la interpretación abanico en mano, en este caso de la siempre sensual letra de la copla del maestro Miguel de Molina «La bien pagá». De igual manera, con entusiasmo y al unísono respondía el público, que no dudó en levantarse de sus asientos para ovacionar y demostrar que con Martirio y sus excelentes músicos, la noche estuvo pero que muy bien pagá.




































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