
Jueves 6 de agosto, ciclo “Nits a la Fresca” en el Casal de Cultura Can Gelabert (Binissalem).
¡JÁ!
Víctor M. Conejo
José Luis Luna (ver galería)
Siempre hay que fiarse de Niño de Elche.
El dato, la anécdota, es que Francisco Contreras Molina (Elche, 1985) venía a su capítulo en las “Nits a la fresca” solo voz y guitarra, mayormente española, eléctrica en el tramo final. Daba igual porque pasó lo que suele: no salió una persona sino un altar mayor.
Remató la primera con un tsunami inverso en la voz. A la segunda, ya cascada de melismas en garganta y palabras, moviéndose de lado a lado para balancear el chorro. Después, de los árboles de sus cuerdas vocales cayeron frutos extraños.
De nuevo, como siempre, cantó tal cual quiso: como un querubín o con la violencia de un ferrocarril. Bendito y maligno. Ahogándose en falsetas, rezándole al blues, viviendo en duendes o muriendo en aspavientos. Con ese abejorro que tiene en la cabeza y ese despeñadero en la voz.
“¡JÁ!” gritó tras una farruca, “Yo intento hacer los palos de manera ortodoxa, pero nunca me sale”. “¡JÁ!” le gritamos con alivio.
La primera vez que cogió la guitarra eléctrica fue la primera vez que citó a Lorca. Al final del parlamento de presentación, habló de “gracias sin fin”. Después, metió dos gardenias en el Guadalquivir, no sin antes emborracharlas en bares de Triana.
Siempre, siempre hay que fiarse de cualquier Niño de Elche.






































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