
Domingo 17 de mayo en el Auditòrium de Palma
Sílvia Pérez Cruz (voz, guitarra, teclados y sintetizadores), Carlos Montfort (violines, percusión y coros), Marta Roma (violoncelo, trompeta y coros), Bori Albero (contrabajo y coros), Elena Rey (violín), Anna Aldomà (viola), Tomeu Garcias (trombón), Carles Medina y Miquel Àngel Rigo (saxos); Ana Pujol (flautín), Estela Córcoles (flauta travesera), Alejandra Villalobos (flauta); Mar Grimalt, Aina Medina, Maria Mercè Medina, Sinéad Cormican y Lola Cruz (coros).
Diva como pocas
Fátima Yráyzoz Aranda
Nena Carbonell (ver galería)
Pocas son las ocasiones en las que se puede disfrutar de un espectáculo de más de dos horas de duración donde al entusiasmo del público, que no dudó en varias ocasiones de ovacionar en pie, se une más si cabe el de la propia artista, que parecía no quería abandonar las tablas. Nos referimos a la cantante catalana Sílvia Pérez Cruz (Palafrugell, Girona) quien vino el pasado domingo día 17 a Palma a presentar su último disco «Oral_Abisal», con el que logró llenar el gran aforo del Auditòrium con un soberbio directo y una puesta en escena con dieciséis artistas, entre ellos varios de la isla y donde cabe destacar a la cantante Mar Grimalt liderando las voces del coro, además de Mercè Medina, Sinéad Cormican, los vientos de Tomeu Garcias (trombón) y los saxos de Carles Medina y Miquel Àngel Rigo.
Arrancó sola en el proscenio entonando «Hierbabuena», canción popular a modo de tarjeta de presentación con la que se reafirmaba en sus conocimientos y amor por el folclore. Merece destacar que Cruz está considerada como una de las voces más conmovedoras del panorama musical, con un dominio de voz magistral a la hora de fusionar desde flamenco a jazz, folk y canción de autor. En su ya amplia trayectoria ha cosechado tres Premios Goya y el Premio Nacional de las Músicas Actuales en 2022.
De manera sigilosa, en la más comedida intimidad, aparecía su banda. Con ella la cantante se sentía abrazada por el trío de instrumentos de cuerda, y así lo mostró en varias ocasiones: Marta Roma al violonchelo, Carlos Montfort al violín, y al contrabajo Bori Albero. Con ellos interpretó en una primera parte temas como «En un rincón», «Pastores» o «Ben poca cosa tens», entre otros.
Desde los primeros temas jugó a compartir estribillos con su simpatía habitual, con la audiencia entregada de manera incondicional. Hubo momentos para poder encandilar al público con una de sus mejores versiones, como «Pequeño vals vienés» sobre texto de Federico García Lorca, que sirvió de puente entre el espiritual cantautor canadiense Leonard Cohen (quien musicalizó por primera vez el poema, lo tradujo al inglés y tituló «Take This Waltz», siendo esta la versión que Pérez Cruz utiliza de base), y el maestro flamenco Enrique Morente.

Llegada la segunda parte, la artista abandonó unos minutos la escena para cambiar de vestuario mientras las tablas se vieron cubiertas por unas telas negras. El disco «Oral_Abisal» indaga por espacios oscuros, ausentes de luz, y así se desarrolló el espectáculo. Momentos en los que entra el coro y músicos con instrumentos de vientos, junto a un tambor que marcará ritmos y compases africanos.
La simpatía de Pérez Cruz con el público que llenaba el aforo fue constante, que respondía en más de una ocasión con ovación en pie. La cantante se mostraba sencilla y cercana, agradeciendo poder pasar por la isla, y revelando que a su paso el año pasado por el ciclo “A Jazz de Mar” en Portocolom junto al artista portugués Salvador Sobral, compuso el tema «Mar de na Catalina».
Con «Mar muerto» van yaciendo los miembros del coro en las tablas, incluida la intérprete, escenografía que sirve para acompañar al tema que rinde homenaje a los miles de emigrantes que han perdido la vida ahogados y que yacen hoy en los fondos de los mares. Entrados en este abismo, la artista indaga por caminos más difíciles, como un jazz complicado de entender, donde de manera magistral distorsiona su voz convirtiéndola en sonidos guturales.
Después, momento mágico de cambio en el vestuario de la túnica de bata de cola hasta quedarse con un sensual vestido rojo, desprendiéndose de capas como si de una crisálida saliera la mariposa. Ahí interpretó sus temas más latinos como «El golpe bajo», «Capitana» o la conocida «Mechita», dirigiendo en escena como maestra al conjunto de dieciséis intérpretes.
Excelente su interpretación en francés de «L’amour reprend ses droits» (“El amor retoma sus derechos”), evocando su último concierto en el Théâtre des Champs-Élysées de la ciudad de la luz. Y para dejar buen sabor de boca, ya pasadas las dos horas y media de actuación, la popular «Gallo rojo, gallo negro», famosa canción protesta e himno evocador de la resistencia republicana. Finalmente, con el público ya dejando sus asientos, puso el broche con la canción «Mañana», que reza este bello canto de amor: “Cuando yo muera amado mío / No cantes para mí canciones tristes / Olvida falsedades del pasado / Recuerda que fueron solo sueños que tuviste”. No fue un sueño, fue un lujazo poder disfrutar de este grandioso espectáculo artístico y musical, que demuestra que Sílvia Pérez Cruz más que cantante, alcanza la categoría de diva como pocas.











































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