
En su jerga y en la nuestra, tal fue el bolaco de los mexicanos Plastilina Mosh en la Zero de Es Gremi. Excelentes hasta el abuso, el dúo fundador Alejandro Rosso (teclados) y Jonás González (voz y guitarra) vino acompañado del bajista Cristian Mollett (con flowazo) y el batería Beto Ramos (very chanante).
Y estos se las saben todas. Vale que no había un gentío, pero el sonido en la sala llegó a sonidaco, indefectiblemente surgido de su sabiduría escénica tras treinta años de carrera. González contó que dejaron de tocar en este proyecto porque les dio la gana, y que volvieron cuando les apeteció. Y que para las nuevas canciones volvieron la vista hacia Cypress Hill y House of Pain. De ahí que su directo sonara cínico, pecador y blasfemo.
El bolo arrancó con cuenta atrás en pantalla más extractos de vídeos noventeros. Muy estético y golpeador, como siempre ha sido la imagen de esta banda. Y para empezar, ¡BOOM!: «Niño bomba», una de sus muchas genialidades y marcianadas, siempre distintas y distintivas de su estilo. Siempre fue apabullante su talento para la heterodoxia musical con base en rock, funk y pop.
Por decirlo de otra manera: los Plastilina eran los Ca7riel & Paco Amoroso de hace 25 años. OJO: con la misma dimensión popular porque estos tíos llenaban arenas. Y rediós que siguen sonando actuales, vigorosos, del recopón. Eso y su tronchante sentido del humor, que aplicaron siempre a su actitud, su música y su directo. Qué pedón de bolaco.







































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