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Publicado el 5 diciembre, 2023

L.A. detiene el tiempo en el Teatre Principal

Fotografías de Luis Sergio Carrera
Crónica de Kiko Frechoso
L.A. en el Teatre Principal de Palma - Mallorca Music Magazine
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Palma, sábado 2 de diciembre de 2023

Concierto de L.A. en el Teatre Principal de Palma perteneciente a su gira Heavenly Hell Anniversary Tour

El pasado sábado teníamos una cita muy especial en el corazón de Palma. L.A., la banda de Luis Alberto Segura, volvía a casa, al Teatre Principal, para ofrecer el concierto más personal de su Heavenly Hell Anniversary Tour, la gira que celebra el quince aniversario de su trabajo más emblemático, el recordado Heavenly Hell (2009). El disco que lo catapultó a una dimensión internacional difícil de asimilar para un músico que por entonces actuaba en el circuito local. Hace 15 años, este mallorquín tocó el cielo con la punta de los dedos y nosotros lo vivimos como si hubiéramos enviado un astronauta al espacio.

El público estaba con hambre desde antes del inicio, tanta que comenzó a aplaudir en cuanto se apagaron las luces. Los músicos aún se hicieron de rogar un poco más, pero finalmente aparecieron entre la penumbra en medio del clamor popular. Se hizo la luz y vimos a Luis Alberto con su look habitual: vaqueros arremangados, camiseta blanca, chupa gastada de cuero negra y su característica gorra. A sus flancos, Ángel Cubero al bajo y Pep Mulet a la guitarra, y tras él, Dimas Frías a la batería.

Y así, sin preámbulos ni introducciones, arrancaron con la luminosa “Crystal Clear”. El camino en esta primera parte del concierto ya estaba anunciado de antemano. El itinerario, bien conocido por sus fieles, consistía en recorrer las 10 canciones del disco por orden, desde la primera hasta la décima. Una ruta que se adentraba en el resbaladizo territorio de la nostalgia, pero una nostalgia legítima y bien entendida, más pendiente de honrar la memoria que de hacer caja. Así, tras el fogonazo de “Crystal Clear” llegó el dulzor de “Perfect Combination”, la morriña de “Close to You” y la magia de “Elizabeth”. Demasiadas emociones y ovaciones agolpadas en tan breve lapso de tiempo, pero no solo entre los asistentes. Luis, en su primera confesión de la noche, reconoció que horas antes se sentían como flanes, porque tocar en casa y en el Principal remueve cosas por dentro e impone mucho respeto.

Su voz llenaba todo el teatro y la banda sonaba de lujo, con el público coreando las partes más conocidas y sucumbiendo embelesado a los momentos más íntimos. El primero de ellos llegó con “Hands”, cuando los músicos se enfrascaron en un largo y sentido pasaje antes de la explosión final. “¡Brutal!”, exclamó un espontáneo con improvisada sinceridad. Después, con “The Sweetest Goodbye” tuvimos otra gran revelación: Luis se implica a fondo con todas sus canciones, las vive, las disfruta, las mima. Para él no hay canciones de relleno.

Y así, casi levitando, llegamos a su tema más famoso. Antes de abordarlo, Luis Alberto recordó que estuvieron a punto de eliminarlo del disco, demostrando que ni los músicos saben qué canción va a pegar más fuerte, pues ese veredicto queda en manos de los oyentes. Y así pudimos comprobar in situ que “Stop the Clocks” , a día de hoy, sigue funcionando como un reloj suizo, como demostró buena parte del público coreándola con exquisita dulzura. A pesar de coquetear con ciertos clichés, hay que reconocer que la canción ha sabido aguantar bastante bien el paso del tiempo. Eso no se lo quita nadie.

Y de la dulzura se pasó al desenfreno con “Evening Love”, el tema más bailable del álbum. Luis animó a todos a levantarse de los asientos y a la gente le sobró tiempo. Por unos instantes se rompió la “etiqueta” del Principal y solo faltó una bola de discoteca girando en el techo. Después, “Heavenly Hell” devolvió los traseros a las butacas y “Microphones and Medicines” volvió a apaciguar las pulsaciones. “Under Radar” y “Dualize”, del LP Dualize (2013), cerraron esta primera parte con Sergio Llopis subiendo al escenario para ocupar los teclados.

Llegados a este punto, los músicos abandonaron las tablas para dar paso al set acústico que marcaba el ecuador del concierto. Solo quedó Luis, en solitario, para mostrarnos su otro lado, el más introvertido e intimista. Mejor que no te pregunten cuál prefieres, porque no sabrás con cuál quedarte. De entrada, una asombrosa versión de “A Song for the Lovers”, de Richard Ascroft, el que fuera vocalista de The Verve. Delicadeza, sentimiento, vellos de punta… La ovación casi no cabía en el teatro. Después, como si nada, salió Sergio Llopis, se sentó al piano y ambos se marcaron una sublime versión de “Blackbird”, el tema de sus venerados Beatles. Eso fue como tocar el cielo. Y aquí es necesario hacer un inciso: ¡cómo toca el piano Sergio Llopis!, se habla poco de esto.

El público saboreaba cada instante como el que paladea una copa de dulzonas hierbas (mezcladas, por supuesto). “Shakey Ground” puso el colofón a esta parte más folky e intimista. Se trata de  un tema independiente de 2021 que no pertenece a ningún álbum y que aquí encaja como anillo al dedo. Comenzó reposadamente a dúo y terminó con toda la banda sobre el escenario, aportándole una dimensión nueva y totalmente gigantesca. Y de esta manera tan bien hilvanada comenzó la segunda parte del concierto. Luis empuñó de nuevo la guitarra eléctrica, Llopis pasó al teclado y volvió L.A., pero ahora en su versión más potente.

En esta parte llegaron temas menos dulzones y más complejos, con los teclados aportando mayor profundidad a la música. La banda, impecable hasta ese momento, se creció y comenzó a disfrutar de manera más visible. Luis estuvo ocurrente y divertido durante toda la noche, y fue intercalando discursos entre tema y tema. Rememoró con nostalgia sus días en el Bluesville y se sinceró recordando algunos momentos de su trayectoria, momentos que ya conocíamos gracias a la entrevista que concedió a este medio en las semanas previas al concierto.  El público, por su parte, estuvo algo menos participativo en esta segunda mitad del recital (probablemente conocía mejor las canciones de la primera parte), pero no dejó de disfrutar en ningún instante. Cayeron varios temas del SLNT FLM (2012), algunos más del Dualize (2013) y otros de sus discos posteriores. Tampoco faltaron grandes y emotivos momentos, como en “Hangin’on a Wire”, un tema al que Luis le tiene especial cariño, en “Over and Over” o en la magnífica “Leave It All Behind”.

Con “Rebel” fueron enfilando la recta final a la vez que pisaban a fondo el acelerador. Subieron la intensidad y los decibelios y entraron en la parte más rockera del espectáculo, que culminó cuando ordenaron al público ponerse en pie para abordar como es debido ese cañonazo que es “Outsider“. Y así, con el público desatado y aún en pie, se ofició la ceremonia del falso adiós, el “otra-otra” y los bises, que en esta ocasión fue único: su emblemática versión de “Girls just wanna have fun”, de Cindy Lauper.

Y con un solo bis, pero después de veintimuchos temas, el público se dio por satisfecho y no insistió. Y es que los L.A. no solo cumplieron, sino que se salieron. No pudieron parar los relojes para siempre, pero durante un par de horas nos hicieron perder la noción del tiempo. Y eso, en los tiempos que corren, vale mucho.

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Publicado por:

Director de Mallorca Music Magazine, ejerciendo de fotógrafo, editor y redactor.
Apasionado de la buena música y las artes escénicas.
Fotógrafo especializado en fotografía musical y de conciertos.

Aprendiz de todo, maestro de nada. Inconsciente botarate. Programador, diseñador web, editor, redactor, ama de llaves y codirector de esta nave.

Comentario: 1

  • Carlos

    Responder 5 diciembre, 2023 - 16:55 h.

    Siempre estarán por detrás de los Sadies.

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