
Miércoles 5 de agosto en Calvià
Buena planta y toda la energía
Víctor M. Conejo
José Luis Luna (ver galería)
Anunciado como único concierto del año en España, ¿respondió el público local a la excepcionalidad? Siguiente pregunta. ¿Mayoría de público extranjero? Pues al igual. En la ficha artística, Ralf Hütter (miembro fundador junto a Florian Schneider y único integrante original que sigue en el grupo) se ocupa de voz, vocoder y sintetizadores principales -voz que prácticamente siempre ha ido con vocoder, y a nadie se le ha ocurrido soltar quejorrea por ello-. Henning Schmitz a los teclados y efectos de sonido. Fritz Hilpert, percusión electrónica y sintetizadores. Y Falk Grieffenhagen como técnico de vídeo y proyecciones en tiempo real.
A menos diez minutos de la hora de inicio prevista ya se pone en marcha la pantalla de vídeo. Geométrica, claro. De fondo soniquetes desde el fondo de una pecera. Puntuales, salen cuatro tipos vestidos con mono rollo Fórmula 1 años 70, recorridos por líneas verdes, y rápidamente sueltan la gloria bendita: electro y synth y pop y kraut y rock espacial. KRAFTWERK.
Cerocerounismo en el grafismo, ahora amarillo. Blanquismo ahora en la estética y longitudes de onda en las pantallas. Y otro temón precursor. Vamos con el rojo para otro clasicazo maquinal. Icono azul de autopista y adivinad que temarraco sonó. En pantalla imágenes del primer juego de “Gran Turismo” y un Volkswagen (con matrícula de Krefeld, ciudad de origen de Hütter). Después asomaron modelos, Ryuichi Sakamoto, el Tour de Francia de 2003, y música sin fin, para cerrar en el único bis arrasando con robots. Nota para fricandelas: gloria eterna para unos nerds que, de base, llevan hardware y software de PC y Native Instruments.
En resumidas cuentas: ¿fue un concierto plano, lineal, sosete, cansino, yayuno? Ni de blás: la fuerza de las cancionacas históricas pasó muy por encima del estatismo decidido para la escena, y de unos visuales sencillamente encantadores, para qué más. La actuación fue historia gorda sin necesidad de estar planteada como un despiporre técnico o visual. Por decirlo de otra manera: iban cambiando de 80 bpm a 124 como les dio la gana. Por explicarlo de otra manera: como dice un amigo avispado, con ojo y tímpano, hay conciertos que puedes ver de espaldas al escenario y no por ello son menos gloriosos. La planta funcionó a plena potencia, y la energía fue máxima.












































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