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Publicado el 30 agosto, 2026

Los Delinqüentes + Carlos Gómez en Es Jardí

Los Delinqüentes + Carlos Gómez en Es Jardí · Mallorca Music Magazine

Viernes 28 de agosto en Calvià

El pasado también se baila

 

Carlos Fernández
Antonio Sureda (ver galería)

La noche del viernes en Es Jardí fue un viaje en el tiempo. La nostalgia, de hecho, había empezado horas antes del concierto. El aparcamiento se fue llenando de coches y gente haciendo su particular botellón junto al maletero. Una imagen que transportaba inevitablemente a aquellos primeros años de los 2000, cuando muchos de los que el viernes ocupaban ese mismo aparcamiento empezaban a descubrir la noche. Veinticinco años después, Los Delinqüentes regresaron a Mallorca para demostrar que se puede perder pelo con el paso del tiempo, pero no las ganas de pasarlo bien. Ni siquiera la amenaza de tormenta consiguió amilanar los ánimos de quienes decidieron hacer la previa antes del concierto.

El grupo jerezano se presentaba en la isla con todas las entradas vendidas para celebrar el 25 aniversario de su primer disco, «El sentimiento garrapatero que nos traen las flores», aquel álbum publicado en 2001 que terminó convirtiéndose en disco de oro y que, para muchos, fue la banda sonora de una época. Una coctelera en la que cabían rumba, flamenco rock, funk y todos esos sonidos que terminaron dando forma a eso que ellos mismos bautizaron como sonido garrapatero.

Dentro del recinto, Carlos Gómez se encargaba de calentar las cuerdas vocales del público a base de versiones de grandes éxitos del pop español, desde Estopa hasta Fito & Fitipaldis. Al final, la lluvia no hizo acto de presencia y la música volvió a ser la protagonista una noche más en Es Jardí. Además, con algunos grados menos que en otras noches de este verano, algo que a esas alturas del mes de agosto también se agradecía considerablemente.

Con cerca de cinco mil personas frente al escenario, a las diez en punto hicieron acto de presencia Los Delinqüentes. El Canijo de Jerez y Diego El Ratón, miembros originales de la banda, se pusieron al frente de una formación acompañada por siete músicos. Una maquinaria perfectamente engrasada para afrontar una celebración tan especial como complicada: ¿cómo celebrar el aniversario de un disco debut cuando falta uno de los principales responsables de darle voz?

Han pasado ya más de dos décadas desde el fallecimiento de Miguel Benítez ‘Migue’, miembro fundador del grupo junto a El Canijo. Sin embargo, su figura continúa muy presente en Los Delinqüentes. Durante el concierto, las partes que él cantaba no fueron sustituidas por otro músico. Su voz regresaba a través de pistas de audio mientras las pantallas proyectaban imágenes de archivo del cantante.

Un recurso que funcionó especialmente bien en las canciones en las que su voz dialogaba con la de El Canijo, aunque resultó algo más extraño en aquellos momentos en los que Migue ocupaba prácticamente todo el tema y los músicos tocaban sobre una grabación. Un detalle puntual que, en cualquier caso, no consiguió empañar el buen rollo ni la conexión de una banda que parecía estar disfrutando tanto sobre el escenario como el público frente a él.

Y para celebrar un cuarto de siglo no había mejor fórmula que volver al principio. Los Delinqüentes interpretaron de forma íntegra las quince canciones del álbum debut, y lo hicieron respetando el orden original. Así, el concierto comenzó con dos auténticos pepinazos como «Los bichos que nacen de los claveles» y «A la luz del lorenzo», canciones que desde su publicación han conseguido formar parte de la cultura popular de varias generaciones.

La celebración también tuvo invitados. Albertucho se subió al escenario para acompañar a la banda durante varias canciones, presentado por El Canijo como “un garrapatero de toda la vida”, un término con el que se identifican los seguidores de Los Delinqüentes. Más anecdótica fue la aparición de Tomasito, que participó en una canción y regresó para el cierre de la noche.

También hubo espacio para la reivindicación. “Pase lo que pase, Palestina libre”, gritó El Canijo de Jerez ante los aplausos de un público que respondió de forma inmediata.

El concierto continuó avanzando por las canciones del disco debut y, después de un par de temas con las revoluciones algo más bajas, llegó el gran final de esta primera parte. «Caja molera» y «Garrapata mulata» elevaron de nuevo la temperatura con una coda final instrumental mucho más cercana al rock, un momento en el que los músicos se divertían de lo lindo y demostraban, además de un talento incuestionable, que aquella noche se había venido a bailar y a saltar.

Los Delinqüentes + Carlos Gómez en Es Jardí · Mallorca Music Magazine
Los Delinqüentes y sus invitados en escena

Después de la sesión de cardio llegó el momento más íntimo. Y también uno de esos homenajes que, poco a poco, empiezan a ser habituales en los conciertos de muchos artistas. Los Delinqüentes recordaron a Robe Iniesta con una versión de «La vereda de la puerta de atrás», mientras su imagen aparecía en las pantallas. Una interpretación recibida con una auténtica ovación.

Pero el descanso duró poco. Tocaba volver a bailar con «Los Delinqüentes y la banda del Ratón», un momento en el que la banda, emulando el espíritu de los carnavales de Cádiz, apareció con divertidos sombreros. El componente teatral volvió a hacer acto de presencia en otros momentos de la noche, con uno de los músicos convertido en bombero para «El día de los bomberos» y, más adelante, en abuelo fumeta para «El abuelo Frederic».

“Esta canción es el himno de España”, anunció El Canijo antes de que empezara a sonar «No llevamos ná». Y aunque pueda sonar polémico, seguramente bastantes de los presentes estarían de acuerdo con aquello de que “yo sería feliz si pudiera vivir sin verle la cara a un guardia civil”.

Una tras otra fueron sonando hasta treinta y dos canciones durante cerca de dos horas y media. Y, por supuesto, no podía faltar «La primavera trompetera». Aunque durante el concierto El Canijo había bromeado con que habían tenido que quitarla porque “vamos mal de tiempo”, finalmente sonó y Es Jardí activó el modo karaoke. Miles de personas cantando a pleno pulmón, por momentos casi más alto que el propio grupo.

Llegó entonces el momento del bis. Algunos empezaron a abandonar el recinto, probablemente intentando adelantarse al inevitable atasco de salida. Los que aguantamos recibimos un regalo inesperado. Aunque no estaba prevista en el setlist, Los Delinqüentes decidieron tocar «Somos», una canción que ellos mismos reconocieron llevar mucho tiempo sin interpretar y que ni siquiera habían ensayado. Pidieron ayuda al público y la respuesta fue unánime. Hubo algún olvido de letra, sí, pero la papeleta se salvó con nota y, precisamente por eso, terminó siendo uno de los momentos más especiales de la noche.

El final llegó con toda la banda y los invitados alineados sobre el escenario y una última canción interpretada prácticamente como si estuviéramos asistiendo a una fiesta improvisada: guitarra, palmas y voces. Una demostración más del buen rollo que transmite la banda y que termina, inevitablemente, contagiándose al público.

Fue una noche de nostalgia y recuerdo, sí, pero también la demostración de que se puede celebrar el pasado sin quedarse atrapado en él. Veinticinco años después, Los Delinqüentes siguen transmitiendo sobre el escenario una frescura y un buen rollo que consiguieron contagiar a cerca de cinco mil personas.

En los tiempos que corren, conseguir que la gente abandone un concierto con una sonrisa en la cara ya es, por sí solo, un gran logro.

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Música y tatuajes. Desde las alturas y siempre rodeado de agua. Siempre Heavy Metal. Fotografiando cosas desde 1999.

Cinéfilo que ha descubierto otro placer en la música en directo. Amante de la fotografía, de las primeras filas y de gritar las canciones hasta quedar afónico.

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