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Publicado el 11 febrero, 2021

Saïm: «Necesito los conciertos cuanto antes: Son Terapia»

Por Víctor Manuel Conejo Manso

Leer una guitarra es sencillísimo. Sí, leer, no escuchar. Es un lenguaje tan evidente como puede ser un paisaje de sábanas. Hay guitarras que comunican intrascendencia, personalidad estándar, no vacuidad pero sí lenguaje acomodado, normalmente acoplado a los cánones musicales más digeribles por la gran masa de público de su época. Planas, comunes, endebles. Son la mayoría. Y luego otros sonidos de guitarra, distintos y distintivos, que el oyente cultivado (tampoco hace falta que mucho) detecta al instante y se asocian con personalidad, discurso, perdurabilidad. Son los discos que no cogen polvo en nuestras estanterías porque su intención, su mensaje, sus músicas y sus letras, nos parecen vigentes. De hecho, su personalidad asegura que siempre serán vigentes y que generarán goce perpetuo al oyente. Así utilizaron las guitarras muchísimos grupos en los años 90. Actualmente sigue habiendo grupos cuyas guitarras se conciben y suenan de aquella manera, como Saïm.

Un último apunte necesario. Saïm son Joan Roig (guitarra, voz y compositor principal), Natàlia Gómez (bajo) y Daniel Gómez (batería). Han editado el EP Qwerty (2015, con Macià Vives al bajo), Accidents (Bubota Discos, 2017) y ahora llega Fràgil. Lo ha editado la discográfica de Barcelona BCore, referente nacional desde hace ya décadas de aquellas guitarras distintas referidas junto al sello mallorquín Bubota, y se ha grabado en Ultramarinos Costa Brava (Sant Feliu de Guíxols), estudio igualmente referente de Santi García (líder de No More Lies), su hermano Víctor y con Borja Pérez en el equipo. Ah, lo olvidaba, el apunte necesario: cuando se escuche Fràgil hay que subir el volumen. Más. Subid el volumen aún más.

La guitarra se está convirtiendo en un recurso visual

Necesito los conciertos cuanto antes: Son terapia

– Joan Roig

Leo en la nota de prensa: «En la línea de bandas como Jawbox, Aina, Hot Snakes, Jawbreaker, Superchunk…». Si quieres te hago la entrevista como si estuviéramos en 1996. Porque entonces la primera pregunta sería «¿Este es un disco de hardcore?». Vaya brasa con aquello, que refería al sonido pero también -sobre todo- a la actitud. En el Sant Feliu Hardcore Fest solo se hablaba de eso.

Pues en cierta manera somos un grupo de hardcore. He escuchado muchísimos discos del género, pero si lo reduces y piensas «¿tocamos hardcore?», es que me suena hasta fuera de época. ¿Quién hace hardcore hoy? Incluso, como soy profesor, les he puesto mi música a alumnos y ven la guitarra ajena a su época, algo que existía hace mucho tiempo. Otros te dicen: «Haces rock, escuchas a los Rolling, ¿no?». Hoy solo existe ese rock, antes era esa discusión sobre un supuesto purismo. O si es punk o no punk. ¿Qué es ser punk? Porque todo giraba realmente alrededor del concepto. Hoy existen poperos o raperos que son muy hardcore.

Es que esa era realmente la pregunta. Algunos grupos actuales de primera línea popular: Arcade Fire, Tame Impala, Metronomy, Alt-J… Sí, fíjate, alguien lleva una guitarra… que no tiene presencia. ¿Qué pasa con la guitarra hoy? ¿La asepsia social que se está imponiendo, a menudo por ley (calles, películas, discos; todo es preocupante o peligroso), considera peligrosas las guitarras altas? ¡Cuidado que la pueden escuchar niños!

Es totalmente cierto que pasan cosas muy locas. Tengo un par de teorías. Primero, la guitarra molesta. Cuando voy a tocar, prácticamente siempre viene el técnico y me dice «bájate la guitarra». A veces cuando ni siquiera la había enchufado. El volumen, el ruido molesta. La guitarra se está convirtiendo en un recurso visual. Los grupos que tocan a menor volumen están tocando más. Todo tiene que ser cada vez más suave, y más fácil de sonorizar. Y también me parece importante que hoy día se escucha mucha música en el móvil, y ahí un grupo guitarrero suena fatal, no se oye ni se entiende una mierda. Aunque grabes en un súperestudio, luego escuchan tu disco en un altavoz de dos centímetros.

De todas formas, Artur Estrada declaró a La Vanguardia en agosto de 2020 «que nadie se alarme, que seguimos siendo punkies». Conclusión: no hay problema, seguimos teniendo guitarras que se oyen.

O llegará el momento en el que la mayoría de grupos con guitarra la cambiarán por un teclado. Nosotros seguiremos haciendo esta música con estas guitarras porque, primero, no sé si sabría hacer otra cosa; no lo he probado. Y segundo, me gusta la intensidad y la adrenalina que generan guitarra y volumen. Por eso necesito los conciertos cuanto antes: son terapia.

Lo son para el artista y también para el público.

Lo son.

Por cierto, creo que nunca he visto anunciado un acústico de Saïm.

Di un pequeño concierto en Barcelona yo solo con la guitarra eléctrica, pero muy limpia. Y dos temas, adaptados estos sí al acústico, en una radio. Fue muy raro: todo en silencio, tranquilo, sentado… Con Manfel [una de sus bandas anteriores] sí hicimos más, en una época concreta del grupo más relajada. Pero no me gustó cuando tuve que hacerlo ya en Saïm. Ni siquiera sudé. Fue como si el concierto aun no hubiera empezado.

Me gusta Saïm porque no oigo a Jawbox, ni a Jawbreaker, ni a Superchunk. Oigo a Joan Roig. Sobre el planteamiento inicial de un grupo: solo hay dos tipos, con objetivo concreto (este sonido, este tipo de composiciones), o de «ni idea de a dónde nos va a llevar la música». De 0 a 100%, ¿cuánto camino habéis recorrido?

El inicio estaba claro en cuanto a sonido y referencias, también porque somos un trío, la formación más reducida. Pero sabes que por muy concreto que sea todo se acaba moviendo, mucho o poco. Como has escuchado tanta música, descubres que no lo tienes tan claro. No hay una sola influencia. Y luego afectan cosas tan concretas como grabar en estudios diferentes. Es inevitable que no suene igual grabado en uno u otro. En mi caso se suma que siempre estoy investigando en la guitarra misma para no repetir recursos. Como resultado, a menudo te encuentras haciendo cosas que al principio no estaban previstas, novedades que te gustan.

Solo hay dos tipos de grupos guitarreros en España: los que graban con Santi García y su hermano, y los que no. El primero es quien dirige la grabación, y es muy llamativo que enriquezca siempre los sonidos, texturas, etc. de las guitarras, pero que nunca haya utilizado esos recursos en sus discos con No More Lies. O desde luego, muchísimo menos. ¿Con qué idea se va a Ultramarinos Costa Brava, con amplitud de posibilidades, o con enfoque unidireccional porque es el estudio del líder de No More Lies?

Yo tengo muy claro mi sonido… en mi casa. Allí fui en pelotas, porque aparte de que ya nos conocían, lo importante es que saben cómo usar y colocar su equipo, micros, amplis, etc. Por eso, incluso una vez le dije a Santi: «Creo que estoy un poco alto de distorsión». ¡Pensé en bajarme! Me dijo que ni hablar, que ese era el punto. Yo creía que era un poco bestia, pero luego escuchándolo… resulta que es lo que le da ese punch tan de la casa. Y solo usé dos guitarras y un ampli: mi Telecaster, que fabricó para mí un amigo del port (Portocolom) y una Jazzmaster que estaba en el estudio. Más que apilar equipo, con esos elementos mínimos trabajan la personalidad y presencia de la guitarra en cada canción. Y claro, se nota que Santi García es especialista en grabar guitarras.

Y coros. Perfectamente afinados, los ubica en el sitio exacto, detrás pero no mucho, y algo hacia arriba.

Cierto. Todas las voces las grabamos en Palma con Michael Mesquida. Le llevamos las pistas a Santi y él hizo la mezcla con todas las partes instrumentales junto con su hermano.

Los coros suenan maravillosamente noventas.

¡Es que es un disco noventero!

¿Santi metió algo, guitarra o voces?

No. ¡Me habría encantado que metiese algún riff de los suyos! Pero grabamos muy deprisa. Jugamos poco. De hecho, incluso diría que pasamos más tiempo grabando con Borja Pérez, un técnico jovencísimo que trabaja en el estudio, que la verdad es que hizo un gran trabajo. Santi configuraba el sonido y lo dejaba todo listo para que las tomas las registrara Borja.

Y muy noventas es también llevar una guitarra personalizada: mi guitarra única, mi sonido único. Entonces era impensable llevar una de fábrica. Todos modificaban algo para añadir a tu sonido un carácter particular, por mínimo que fuera. Has dicho que un amigo hizo tu Telecaster. ¿Cogió una y la modificó?

No, no, la fabricó toda entera, empezando por escoger la madera y tallarla él mismo. Es una especie de híbrido Tele-Stratocaster al que yo después le puse pastillas de Tele.

Pues habrá que añadirla al panteón de Fenders mallorquinas míticas por ser ejemplares únicos (y por los extraordinarios músicos que las llevan): la preciosa guitarra blanca de Joan Roig, la azul cielo de Pep Toni Ferrer y la Jaguar roja de David Haro de Dog Day Afternoon.

Cierto. La de Pep Toni… ¡es muy única! Por cierto, estuve un tiempo tocando la batería en Hit the Robot con David.

No te recuerdo en ese grupazo (otro) de David. Qué grandioso talento para la música el suyo, apoyado en una amplísima cultura musical.

Es que yo no llegué a tocar en directo. Y sí, David es así.

Llevas años escribiendo canciones. Observando y dando tu visión del mundo y de las personas. Parece que vas tomando un camino habitual: cada vez más introspectivo. Y has puesto como título de disco «Fràgil».

Creo que sí. Las letras hablan siempre del yo, de lo que me ha pasado a mí, pero siempre utilizando cierta abstracción y metáforas puntuales, para que no sean textos demasiado evidentes. O exponiendo un tema no directamente, sino entrarle por los costados y ver cómo resulta. Porque me interesa no que los textos se entiendan perfectamente, sino que puedan generar diversas lecturas. Y que funcionen como un collage: que todos se vayan asociando entre sí. Puedo escribir sobre visiones generales y universales, sobre el mundo, la sociedad o el día a día, pero tiene que tener algún punto de conexión directamente conmigo. Si no, no sé qué escribir.

Otra evolución ideal en tus textos: cada vez dices más con menos palabras.

Es muy consciente, lo estoy investigando. El modelo es el inglés, claro, que es tan sintético. Es difícil adaptar eso a la amplitud con que se expresa nuestro idioma, sea castellano o catalán. Tenemos que utilizar muchos más elementos en una composición, en una frase. Siempre se ha dicho que el lenguaje del rock es el inglés, vinculando esa concisión sólida con el mismo sonido.

Sobre el siempre fascinante proceso creativo del artista: eres músico, y también diseñador, en esto también con tu lenguaje ya consolidado. El sello de un diseño de Joan Roig es muy reconocible. ¿La metodología es similar u opuesta en los procesos creativos de las dos disciplinas?

A veces me lo he planteado. Y creo que el proceso es el mismo: pasarlo muy mal, consecuencia de ser muy exigente y perfeccionista. Raramente estoy contento con el resultado final. Simplemente, paro. Me gustaría que crear fuese más divertido, casi como un juego, pero no soy capaz. Lo más parecido a un juego es cuando me da la impresión de repetición, y por tanto de callejón sin salida.

Solo hay dos tipos de canciones finales de disco: las que empiezan diciendo «Encara som a temps» [inicio de Celobert, última canción del disco] y las que no. Las de esperanza y las que no. Tu mensaje es optimista, y eso que diría que es la canción que cantas con mayor fiereza.

Lo primero que escribo siempre es la melodía, después la letra. Cuando fui trabajando la letra de Celobert y vi por dónde me salía y cómo funcionaba, sí me planteé utilizarla por esa temática de cierre, y de queja, que incluye. La acabé de perfilar y de dirigir hacia esa función: de última canción, cierre, y también de «Continuará». O diciéndolo de otro modo, de redención. De confianza en el ser humano, cosa que hoy día cuesta bastante.

Abres el disco diciendo cómo estamos: a la intemperie. Y lo cierras diciendo que hay esperanza y redención posible.

Como dice un amigo mío, es cierto que hay mucha, mucha mala gente en el mundo. Pero no hay que olvidar que también hay mucha buena gente, y que por eso podemos vivir en un equilibrio. El problema sería que no la hubiese. Y creo que esa debería ser la misión de todos los que quieran estar en la parte de los buenos: facilitar la existencia. Debería enseñarse en las escuelas: que tu vecino esté contento contigo y nosotros con él. No costaría tanto, aunque solo suene a hippie.

Hace un rato, en la calle, he presenciado una escena bastante extraña. Dos jóvenes hablando, no sé si ligando o no porque no les oía, pero diría que con gestos de complicidad. Y algo muy raro, desubicador: los dos llevaban mascarilla. En qué mundo más raro vivimos hoy día. ¿El mundo de estos días ya se ha colado en tus nuevas canciones?

Aún no. Me lo planteo como si fuese una moda, porque todo esto pasará, no hay duda. Y cuando haya pasado un tiempo nos habremos olvidado. Nos olvidamos rápido de las cosas negativas. Pero no, no escribo sobre la pandemia ni escribiré. Seguro que ya lo harán muchos otros. Yo no quiero, no me apetece. Ya le hemos dado todos muchas vueltas y hemos pensado mucho tiempo sobre ello.

¿Fuiste a ver a Jawbreaker en el último Primavera Sound (2019)?

No, pero los vi en Londres ese mismo año. Fui solo, y el mismo año vi a Jawbox con un amigo en Chicago. Dos de mis grupos favoritos el mismo año.

¿Te pareció vigente lo que viste en el escenario? Sonido, actitud, mensaje…

La verdad es que sí, y no porque sea fan. No vi nada que me pareciese caducado. De hecho, dentro de lo que es su género musical, parecían grupos de ahora. Antes hablábamos de dos tipos de grupos, y los hay. Muchos se montan para tratar de triunfar masivamente en un momento concreto, pero otros se montan porque tienen algo que decir y quieren comunicarlo. Normalmente estos últimos no caducan, siguen funcionando perfectamente y funcionarán dentro de veinte años. Esa visión tan personal no caduca nunca. Muchos grupos dicen lo mismo, lo que dicen la mayoría de bandas de su momento, porque con ello esperan petarlo. O no lo buscan, pero igualmente pasa el tiempo y ya no son las mismas personas con los mismos intereses. Los que permanecen son aquellos que siguen creyendo en lo que expresaron en su momento y en el fondo siguen siendo las mismas personas, como Nueva Vulcano, a quienes mencionamos antes. Seguimos siendo punks, porque somos punks.

¡Ah! Gabi me dijo que te preguntara si el último disco de Saïm es un tributo a Shenobi [un amigo con el que tocó en dicha banda].

[ríe] ¡Todo es un tributo a Shenobi!

Saïm – Fragil

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Periodista de Cultura desde 1997. Lo último, 18 años en Diario de Mallorca (también como diseñador editorial). Antes recuerda haber pululado por Cadena Ser/Radio Mallorca, IB3 TV/Ràdio, Mondo Sonoro Balears, Youthing o Radioaktivitat, más diversas promotoras, productoras, agencias de comunicación, centros de creación y gestión cultural, etc. Ingresos extra como DJ y liante.

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