
Hay algo profundamente seductor en la idea de que una isla —o cuatro, para ser exactos— pueda ser al mismo tiempo un destino de vacaciones y un semillero cultural. Pero Fira B!, que ya ha dejado atrás la década de existencia y encara su undécima edición, no es un souvenir: es un mecanismo de relojería bien engrasado que mueve a más de quinientos profesionales acreditados y a seis mil almas inquietas que ya en la pasada edición del 2025, decidieron que el sol y la música eran una combinación tan potente como el vermut y la tapa.
Y ojo, como siempre la feria se parte en dos tiempos, como una canción que cambia de ritmo a mitad de camino. Las artes escénicas toman Palma del 30 de septiembre al 3 de octubre, mientras que la música se adueña del calendario del 4 al 7 de noviembre. El lema es “Dos disciplinas. Un mismo paisaje cultural”, que suena a declaración institucional pero encierra una verdad incontestable: que el paisaje de Balears no es sólo postal, sino también pauta, compás y escenario.
Dentro de ese ecosistema, el plato fuerte de la sección musical no es solo la cifra —cerca de sesenta actuaciones, que no está mal— sino la dirección que toman los vientos. Italia, con un ojo especialmente puesto en Emilia-Romaña y Apulia, es el país invitado. Y aquí no hay folclorismo barato. Lo que se busca es tejer puentes con las regiones europeas. Una oportunidad real para que los músicos de las islas salgan del archipiélago sin necesidad de mojarse los pies. Porque, seamos sinceros, el mayor problema del talento insular no es la calidad —que la hay, y de sobra— sino la visibilidad. Y Fira B! ha conseguido ser ese amplificador que convierte el susurro de las islas en algo que se escucha al otro lado del mar.
Pero la cosa no se queda en la bota. Hay un Encuentro Iberoamericano de Jazz organizado con Plataforma Jazz España que promete ser algo más que una mesa redonda con pedigrí. Porque el jazz, ese género que siempre anda a medio camino entre la academia y la calle, es el idioma perfecto para tender hilos entre España, Portugal y Latinoamérica. Un movimiento estratégico para colocar a Balears en el mapa de las músicas improvisadas, que no es un mapa cualquiera, sino uno que se escribe cada noche en los clubs.

Y luego están las jornadas profesionales, que suenan a lo más árido del asunto pero que en Fira B! tienen su punto de chispa. Conferencias, reuniones de networking, talleres para artistas y promotores… Lo que viene siendo la trastienda del negocio, donde se cuecen las giras y se firman las colaboraciones que luego veremos sobre las tablas. Destaca la presentación del ganador de Art Jove, la participación de la ESADIB con su mejor trabajo de fin de grado, y un puñado de compañías emergentes que, en quince minutos de exhibición, intentarán atraer la mirada de programadores nacionales e internacionales. Es pura supervivencia, pero también puro teatro.
Mención aparte merece la nueva identidad visual de la feria, que bajo el lema “Dos disciplinas. Un mismo paisaje cultural” convierte cada punto de su grafismo en una persona: creador, espectador, programador, técnico… Todos suman. Y es que en tiempos donde el algoritmo suele aplastar la singularidad, que una feria se reafirme como un ecosistema humano y diverso es casi un acto de rebeldía.
El cierre musical, además, será en Motorworld, un nombre que resuena a velocidad y motor, pero que en realidad es el espacio genuinamente acondicionado para la música, donde la edición de este año pondrá el broche de oro. Y entre medias, el Teatre Xesc Forteza, Es Gremi y Es Baluard, con un escenario dedicado a la Eurorregión que reunirá a Occitania, Cataluña y las propias islas. Un triángulo cultural que, bien gestionado, puede ser mucho más que una anécdota geográfica.
Once ediciones después, Fira B! ya no es ese evento que los profesionales miraban con curiosidad desde la distancia. Es una cita ineludible, una plataforma que ha aprendido a moverse con la agilidad de un músico de jazz y la contundencia de un riff de rock. Y lo mejor de todo es que, a diferencia de tantas ferias que se contentan con ser un escaparate, esta ha entendido que su verdadero valor está en ser un motor de circulación, cooperación y alianzas. Porque el talento balear, como el mar que lo rodea, no conoce fronteras. Solo espera que alguien le dé el empujón adecuado para llegar a la otra orilla. Este noviembre, las olas son italianas y el ritmo, latino. Y, francamente, pocos paisajes culturales suenan tan bien cuando se escuchan con atención.
Publicado por:
Director de Mallorca Music Magazine, ejerciendo de fotógrafo, editor y redactor.
Apasionado de la buena música y las artes escénicas.
Fotógrafo especializado en fotografía musical y de conciertos.



























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