
Palma, viernes 6 de septiembre de 2024
Bendita diversidad
Por Kiko Frechoso
Luis Sergio Carrera y Carlos Fernández
Después de la excelente primera semifinal celebrada en Es Gremi, que nos dejó un gran sabor de boca, el Concurso Pop Rock de Palma se trasladó a la sala Sunset Club para el segundo round de esta fase. Algunos descubríamos por primera vez este amplio y agradable espacio ubicado en el polígono de Can Valero, un lugar que cumplió con las expectativas y dejó a todos contentos. Bueno, a todos no, los fotógrafos lo pasaron mal con la iluminación del escenario, que complicó mucho su trabajo. Si hubiera que poner alguna pega sería esa.
Por lo demás pudimos disfrutar de otra gran jornada, a pesar de llegar con el listón un poco alto tras lo vivido la noche anterior. La organización nos había preparado tres interesantes propuestas, muy diferentes entre sí, que enseguida capturaron nuestra atención. Si hay algo que valoro especialmente de este certamen es su capacidad para descubrirnos excelentes grupos y artistas locales de todo tipo y condición. Artistas que, de otro modo, difícilmente conoceríamos o veríamos en directo, a pesar de tenerlos tan cerca. En estos tiempos donde los algoritmos nos pastorean cual dóciles ovejas para conducirnos siempre al mismo redil, la diversidad que asoma por este certamen es una rara y maravillosa bendición.
Ardeciudad: emoción y rabia
Uf, menudo arranque, la sala se calentó en tan solo unos segundos y a algunos nos pilló desprevenidos. De repente hacía calor, la música abrasava y las bebidas se calentaban en nuestras manos porque allí nadie pestañeaba. Enfrente el trío post-hardcore que lidera Mikel (ex La Rage), eso ya nos tenía que haber dado alguna pista. Esa voz áspera y desgarrada es un puñal que se va clavando poco a poco en el corazón, con el bajo y la batería ejerciendo de férreos martillos: duros, implacables, como la vida misma. Pero no todo es rabia y desengaño, los momentos post rock aportan tristeza, melancolía y cierta épica. Ardeciudad han encontrado un equilibrio perfecto entre la emotividad del post rock y la rabia del hardcore. Su propuesta es sólida, poderosa y honesta; su directo, demoledor.
Dxtergeist: diversidad y mestizaje
Tras la oscuridad y la falta de aire de Ardeciudad, Dxtergeist, alter ego de Dani Portela, vino a ventilar la sala y cambiar la energía con su propuesta más lúdica y bailable. El ritmo se adueñó del lugar y donde antes predominaban los rictus serios ahora reinaban la diversión y el movimiento. Su mezcla de música urbana y latina es original, fresca y muy diversa, recogiendo influencias del R&B o el funk brasileño, y con letras en varios idiomas. Aunque a su directo le faltó algo de pegada, pues actuó en solitario, con la música grabada y aportando únicamente la voz, se defendió bastante bien. Puso a toda la sala a bailar y en el último tema nos regaló un perreo marca de la casa.
Komodo García: elegancia y clase
Y del mestizaje pasamos a la elegancia para cerrar otra gran semi. Komodo García, la formación dels marratxiners Álvaro Vigara (teclados y voz), Bernat Amengual (batería) y Pablo Debaecker (guitarra), nos deleitó con su corta (aún) pero excelente colección de canciones. Digo corta porque desearía poder escuchar más, por suerte en octubre sacan disco. Pop estiloso y muy accesible, a veces nostálgico, otras endemoniadamente bailable y pegadizo. Bien regado de influencias, desde el disco funky de los 70 a la neopsicodelia pop de comienzos de este siglo. Arrancaron con el pie levemente posado sobre el pedal del freno, para terminar pisando a tope el acelerador. Su directo sonó fluido y bien engrasado, se nota que hay trabajo de por medio, y aunque estuvieron francamente bien aún no se vislumbra su techo. Finalizaron su sesión con el temazo «Triunvirato» y el público absolutamente entregado.











































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