
Si vas a farmear, que sea jazz. Lo que aporta esta música, estas músicas porque sus interpretaciones son infinitas, es inigualable. Y uno de los faros de la temporada es la programación del Jazz Voyeur Festival. Acaba de ser presentada la de este año, la edición número diecinueve, que de nuevo alcanza el ideal en el sector cultural: puedes ir a ciegas aunque no conozcas los nombres porque el criterio del ciclo es siempre de una altura aplastante.
Ese ha sido siempre uno de los logros máximos del ciclo, mérito que hay que adjudicar en mayor medida a Roberto Menéndez, su director y fundador. Este año le acompaña en la aventura y goce Red Carpet Productions, testimoniada en la puesta de largo a los medios en la presencia de su fundadora y CEO Katia Raby Chornet.
Son más las virtudes de este festival: es plenamente disfrutable por la persona hiperentendida tanto como por la profana con curiosidad y ambición de viajar. Porque huelga decirlo: la mejor y más rica manera de viajar es a través de la música, y el jazz es una agencia de viajes con opciones desbordadas y desbordantes.
Este año proponen cuatro veladas que serán cuatro formas de entender el jazz y la música misma. En cuatro escenarios se verán cuatro conciertos que apostarán tanto por la pura experimentación como por el cruce mundano de estilos. Poesía romaní, música barroca, electrónica, brasileira, flamenco, tango, músicas del mundo y, como siempre pasa en el jazz, como sucede en ningún otro género: pasarán y sonarán aún más cosas que ni las mismas figuras participantes saben todavía.
Trio Corrente (jueves 29 de octubre a las 20h en el Conservatori Superior) es un tornado de clasicismo y revisión muy bien entendido. El trío brasileiro revisita tanto como renueva. Al Di Meola (domingo 22 de noviembre a las 20h en el Teatre Principal d’Inca) es uno de los infinitos dioses de la fusión que tiene este mundo, en este caso de la guitarra. Vendrá en formato trío, y es una de esas figuras a quien ver en directo da para vanagloriarse durante dos o tres vidas.
Decir que la cantante franco-estadounidense Cécile Mclorin Salvant (miércoles 25 de noviembre a las 20h en el Teatre Principal de Palma) es brillante es quedarse corto, muy corto. No canta a través de cuerdas vocales sino de océanos. Propone y embelesa tanto porque lo hace con tres pies en la ortodoxia y cinco en la modernidad. Vendrá a dúo con el portentoso pianista Sullivan Fortner. Cerrará el festival Hans Theessink (domingo 6 de diciembre a las 20h en el Blue Jazz Club del Hotel Saratoga de Palma), quien con su sabio y profundísimo blues acústico de raíz evidencia la habitual amplitud de miras del ciclo.



























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