
Historia y referencia, pasado, presente y futuro, una de las bandas mallorquinas ineludibles de las últimas décadas presenta nuevo álbum veinte años después
«¿Esas prisas autoimpuestas de la vida moderna? Imagina lo que nos afectan que hemos tardado veinte años en sacar disco». Asertividad clarividente la de Xisco Albéniz. Xisco el colonés, gentilicio de la ciudad alemana de Colonia, donde nació. Mallorquín pues de adopción, escritor de canciones y líder de La Búsqueda por conquista irrefutable. Los discos, las conquistas, han sido La Búsqueda (3 Cipreses/DRO, 1988), La rueda de la fortuna (3 Cipreses/DRO, 1992), Psicolatin (Blau/Discmedi, 1996), el EP con dos temas inéditos Las cosas que no se ven (Isladencanta Records, 2001) y Los penitentes (Grabaciones en el Mar, 2004). Y no ha sido hasta este 2024 que han querido reemerger para entregar la veintena de canciones de Luz, arena y llanto (hoy viernes 10 de mayo, coedición de la barcelonesa Discos Belamarh y la mallorquina Espora Records mediante).
Anunciaron 19 temas, pero van a ser más. Hoy viernes han publicado la versión digital (con una selección de 8 temas) y la versión en cedé, pero ya saben a ciencia cierta que no saben nada. Albéniz adelanta que la edición en doble vinilo tendrá más canciones. «Veintidós o veintitrés o veinticuatro, ya veremos, aún tenemos que grabarlas». También hay nuevo videoclip, correspondiente a «El Desierto de tu Soledad», de nuevo dirigido por Maximilià Adrover.
Amalgama de canciones, otras ya existentes pero ahora revisitadas, y un número aún indeterminado de inéditas, Albéniz gusta de repetir en entrevistas respecto a la nueva colección de música su querencia «antimodas y contrarrevolucionaria, por lo que tal vez seamos más modernos que nadie». Si la música es mítica en el imaginario de cualquier compositor veinteañero postpúber, en el del penitente escritor de bandas sonoras -su labor profesional principal-, pudo ser tan mítica como sí fue una condena «que no me quité de encima hasta los treintaypico. A partir de entonces sí disfruté y pude mitificar la música. Ahí tengo ubicada a la música».
El filósofo Carlos Sancho, también profesor de Literatura Contemporánea, Perspectivas de la Estética Contemporánea e Historia de las Ideas Estéticas en la Universidad Complutense de Madrid, dice que es tarea ingrata y quizá delictiva tratar de poner en palabras lo que sugiere Luz, arena y llanto. Aunque al final concede, y teclea «me lo he pasado pipa escuchándolo. He bailado, cantado y llorado. Y para colmo me ha hecho pensar. No se me ocurre mayor elogio. No sé si le llegará la gloria, pero carece de importancia. La Búsqueda no es de este mundo». Tampoco es ya de este mundo la imaginería minera: «Los mineros cantan / para ahogar sus penas», arranca el primer tema que abre. ¿Qué le ha atraído tanto de la cosmología e iconografía de lo minero como para abrir el disco con ello? ¿La idea general intuitiva de que los mineros vivían con la certeza de que podían morir en cualquier momento? «Y que la mina es un espacio sin luz, como sin luz anda el mundo exterior».


A Lorca también le entrevistaron. Fue el también poeta y también dibujante Lluís Bagaría i Bou en su sección «Los diálogos de un caricaturista salvaje» para el diario madrileño El Sol [publicada el 10 de junio de 1936, dos meses después, el 18 de agosto, Federico García Lorca fue asesinado por un pelotón de fusilamiento en Víznar, Granada; fue por tanto la última entrevista que concedió]. Y fue así: «¿Crees tú, poeta, en el arte por el arte o, en caso contrario, el arte debe ponerse al servicio de un pueblo para llorar con él cuando llora y reír cuando este pueblo ríe?». A lo que el también dramaturgo contestó: «A tu pregunta, grande y tierno Bagaría, tengo que decir que este concepto del arte es una cosa que sería cruel si no fuera, afortunadamente, cursi». ¿Y qué dice Albéniz sobre dicha cuestión?: «¿Qué es ser cursi? Tal vez es solo una manera de decir algo que es verdad. Eso es lo que importa».
El tronío de La Búsqueda está legitimado de la mejor manera pues es una conquista de trayectoria y de presente que ni buscaron ni reivindican. Es casual, pero incontestable. Tan casual como la costumbre de Albéniz de silbar en varias de sus canciones: «Pues ahora que lo dices, no me había fijado. Ha ido saliendo solo, de manera inconsciente».

























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