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Publicado el 11 junio, 2026

Luciano: “Hoy día el underground es un escondite”

Por Víctor M. Conejo
Luciano · Mallorca Music Magazine

· ENTREVISTAS MALLORCA LIVE OCCIDENT 2026 ·

Con Lucien Nicolet, Luciano (Montcherand, Suiza, 1978) viene al Mallorca Live Occident una buena historia de la música. De hecho, llegan varias: la que este disc jockey y productor absorbió en su Chile iniciático y de juventud, pero también la que creó en Eivissa. Cruzó selvas y océanos para crear selvas y océanos musicales, desde un vocabulario de naturaleza taimada pero también feroz, hasta una urbe ansiosa pero también implacable.

Desde un concepto de creatividad underground que hoy, sencillamente, es otro, propuso house, minimal, deep, tech, afro, latin con ramas y raíces infinitas. Con un objetivo innegociable: la música está aquí para unir. Por eso es uno de los cabeza de cartel indiscutible de la propuesta de electrónica en el festival (viernes, Escenario La Plaza Occident, 0:30-2:30h).

-El otro día revisando un documental sobre Miles Davis, veo una escena en la que le preguntan: “¿Crees que algún día te cansarás de hacer música?”. Se lo piensa, y responde: “Creo que no”. Ya sabemos la opinión de Miles Davis, ahora quiero saber la de Luciano.
-Lo pienso todos los días. En realidad, mi gran pregunta no es si me van a desaparecer las ganas sino, si sucede, cómo sucede. Cómo desaparece dentro de tu personalidad. Si se siente, si se va sin más, si es simple cuestión de motivación. Porque ser capaz de hacer música es algo tan misterioso… Ese don que te da la vida de ser capaz de traducir emoción en sonido… Es tan complicado que me lo pregunto todos los días. Siempre he dicho que esa sensación de querer hacer música es una forma de fe. Religiosa, en el amor, la fe en cualquier cosa.

-No te lo vas a creer. Hablando con una amiga, excelente productora de música, sobre a quién no tenemos que perdernos en el festival, me dijo: “A Luciano, porque siempre le he tenido mucha fe a su música”.
-Qué bonito. La música es como la religión o la fe que uno tenga, no se puede explicar. Siempre que me pongo a tocar o a componer, antes escucho música para que me entre en las tripas, para que me toque personalmente en una parte emocional. Y mientras sienta eso, he creído que tengo que seguir haciendo música. Cuando subo a un escenario hoy día me siento como un boxeador: puedo estar más viejo, pero siento que todavía puedo pegar. Que tengo ganas y fuego, y ese fuego lo tengo que seguir explotando. Porque se me dio la vida a eso, es lo único que sé hacer, y lo tengo que hacer.

-Pero es inevitable, humano: aunque sigan estando ahí, la certeza y la urgencia de los 20, 25, 30, no es la de los 48.
-Cierto, por eso a veces, por ese otro lado, en la parte de composición siempre he tenido momentos en la vida en los que he tenido, digamos, menos llamadas espirituales de componer y más de hacer mezclas. Por ejemplo ahora, estoy haciendo muchísimo Dolby Atmos, remezclando antiguas canciones y utilizando catorce altavoces. Así funciono: cuando me nace la parte componer, me pongo a componer; cuando es la de mezclar o la de experimentar, me lanzo a ello. Siempre intento pasar por diferentes cosas en vez de consagrarme a una sola, porque eso sí puede llevarte al aburrimiento. Variar es lo que ha hecho que nunca me vea a mí mismo parando. Tal vez un día sí deje de tocar, porque ya el cuerpo se pone más viejito y estoy compitiendo con mucha gente de 25, 30 años, aunque después se rompen una uña y cancelan toda una gira. He sobrevivido a casi cuarenta años de trabajo, todavía tengo ese fuego, quizás un día deje de viajar tanto, pero creo que seguiré haciendo música hasta mi último aliento.

-Otra cosa que le preguntan a Davis en el documental: “¿Y si a la gente deja de gustarle tu música?”. Se lo piensa, y contesta: “Creo que seguiría haciendo música”. ¿Tú?
-Ahí también lo tengo claro, ciento por ciento seguiría. Hacer música siempre ha sido súper egoísta. Cuando voy a tocar como DJ estoy al servicio de la gente. Ahí sí me tengo que comprometer con lo que la gente quiere, siente y necesita. Pero cuando hago música en mi estudio me da igual si le gusta a la gente o no. Mientras a mí me cause satisfacción, y sé que es súper egoísta, la haré así.

-Todo esto venía también porque en vida, a Miles Davis a menudo se le consideraba muy, muy underground. Y a ti se te ha vinculado de siempre con maneras, formas y fondos underground. Y ahí está lo que me parece muy interesante: no es lo mismo ser underground hace veinte años, que ahora.
-Para nada. Y a veces el underground es un término muy complicado porque es un escondite para la gente que no lo ha logrado. Y también porque muestra un movimiento que nace, como indica, debajo de la tierra. En bodegas, sitios que no ven la luz, y eso es lo que hemos sido. Promovimos movimientos que no eran comercial, que no lo tocaban en todos los clubs. La primera vez que toqué en Eivissa empacaron mis discos y me echaron de la discoteca diciendo que eso no era para ahí. El underground para mí es ese movimiento que nace en el suburbio y trae luz, hasta volverse interplanetario.

-Porque para empezar, por encima de todo estaba el experimento. Y el riesgo y la experimentación desde luego no suelen tener lugar en las luminosas discotecas nocturnas actuales, sean de mayor o menor aforo.
-Siempre ha sido de experimento, de no seguir algo ya existente sino interpretarlo según tu propia forma, buscando hacer nacer un nuevo sonido o una nueva tendencia. Luego puede pasar a las grandes salas y a ver la luz, como pasó con el rhythm&blues o con el mismo Miles Davis, pero que nazca ahí abajo. Es cierto que lo que llamábamos “underground” domina actualmente el mercado, pero ya no es lo mismo. Por eso me parece estar viendo a tantos chicos diciendo que lo son más que nadie, pero me suena a escondite y a excusa.

-La mejor definición que me han dado en entrevista: ser underground es vivir de espaldas a la viralidad.
-Totalmente. Es lo que decíamos: un escondite frente a algo que no has logrado, y no te has querido enfrentar a eso que simplemente se ha masificado. Que lo que hiciste nacer, de repente le gusta a todo el mundo, y tienes que enfrentarte a eso.

-Cuestiones prosaicas y tal vez recurrentes, pero que siempre serán interesantes si quien responde tiene conocimiento y perspectiva reales. Pero por variar, definámoslas todas con un solo término. ¿Actuar de día?
-Melodía.

-¿De noche? Muy de noche.
-No puedo dormir.

-¿Club?
-Íntimo.

-¿Festival?
-Exposición.

-Resuelto. Otro tema: me encantan tus aproximaciones a la purísima cultura popular. Por ejemplo, tu re-edit de «El tiburón» de Proyecto Uno. ¿De dónde te viene esa querencia?
-De que cuando la música es buena, es buena. No es más que un re-edit, simplemente la alargué porque la canción original está muy bien producida. No hay más que escuchar los beats, los ritmos que se usaron. Es una canción perfecta, y da igual de qué género y de dónde. La música popular es la que me gusta. Generalmente la música pop es más comercial, pero la popular conecta tanto con la gente por la riqueza de sus letras, ritmos, un montón de cosas.

-¿Dónde están tus musas a día de hoy, dónde vas a buscarlas? Porque es mi posible que al artista de hace veinte, treinta años, le inspire lo mismo que al de hoy.
-Soy un hombre de familia. Mi fuente de inspiración es la vida simple. Me gusta coger mi tractor, jardinear, o ir al lago con mis niños. Eso me mantiene el alma de niño, que es lo que me permite ser creativo.

-Tienes formación como ingeniero de sonido, pero estoy seguro que en algún momento del proceso creativo te olvidas de ello. No será en la mezcla o con el máster, pero seguro que sucede en algún momento.
-Es así, pero la verdad es que soy completamente autodidacta. Ni siquiera terminé el colegio, y por razones económicas nadie apostaba por mí. Estaba listo para estar en la calle, incluso en Chile me metieron en la cárcel. Ahí es donde la música me salvó. Hacía música porque sentía que hacía algo positivo. Fue después cuando me fui a Europa con la excusa de hacer algún tipo de formación, y me saqué el título ni siquiera de ingeniero de sonido, sino asistente de producción, un curso de seis meses donde ni siquiera tocabas una mezcladora. Lo aprendí todo en treinta años de carrera. Me apasiona el trabajo de mezclar en el estudio más que como DJ. Me fascina el sonido en el espacio. Y sigo aprendiendo. Me encantan los botones, y me he montado un estudio fantástico en casa, con Dolby Atmos y catorce altavoces con el que me siento como si tuviera dieciséis años cuando descubrí la primera máquina.

-Pero para la inspiración antes del estudio te imagino más receptivo perdido en Atacama que en un sótano.
-200%. Por ejemplo, para grabar mi último álbum fui a grabarlo al Polo Norte. Grabé sonidos en vías de extinción como los de los glaciares y a la pura naturaleza, hice un disco medio ambient que luego junté con una orquesta sinfónica. Pero la jungla urbana también me inspira. En realidad es solo cuestión de mirar ahí fuera y vomitarlo. Lo que la vida te hace sentir.

-Pregunta obligadísima porque soy mallorquín: Eivissa no es Mallorca. La mejor definición que he oído es que no es un taller de investigación, sino un puro mercado. Algo que no lo deslegitima, simplemente es su característica. ¿Ves creatividad musical en Eivissa, o es demasiado hardcore decir que no la hay?
-A día de hoy son pocas las veces en las que me siento creativo como lo hacía antes en Eivissa. Me preguntan mucho por qué dejé de hacer residencias, porque dejé Vagabundos. Y siempre digo que cuando empecé, en DC10, Cocoon, Luciano & Friends en la playa, sentía mucha libertad. Realmente no inventé nada, pero sí traje un sonido que allí no existía. Conseguí aportar algo donde mucha gente descubrió cosas. Me sentía como que tenía que llevar la batuta para introducir sonidos y culturas nuevas, toda una historia de la música que me había empapado. Pero llegó el momento en el que sentí que todo el mundo estaba haciendo lo mismo en toda la isla: la misma música, los mismos line ups. Y dije: mi aporte se para aquí. Mi misión se acabó. Tenía que quitarme de en medio y volver a tener libertad. A día de hoy soy capaz de ir a tocar a Amnesia, Pachá, Ushuaïa, Univers, DC10, con cualquiera en la isla. Puedo seguir compartiendo, pero antes sentía que lo que hacía era unificar a la gente, y en algún momento empecé a sentir que estaba dividiendo. Ahí sentí que me tenía que retirar de allí para volver a buscar cómo reunir a la gente. Llegó un momento en el que todo se volvió competencia. Hoy día ese mercado divide mucho, hay que escoger, muchos piden exclusividad, todo lo cual rompe mi esquema de cómo quiero hacer las cosas. Mallorca tiene todavía una libertad que no hay en otros muchos lugares.

-Aparte de tu trabajo individual, te has liado con producciones muy ambiciosas. ¿Futuro próximo? ¿Qué es lo que más te apetece ahora mismo?
-Ampliar ese proyecto que te comentaba que empezó en el Polo Norte. Lo hago con Mike Horn, que es uno de los exploradores más grandes de nuestro siglo. El único que ha cruzado el Polo Norte en solitario a pie. Tiene un recorrido de vida espectacular, y nos juntan valores de vida muy similares. Tuvimos la idea de visitar y explorar sitios de todo el mundo, Polo Norte, Antártida o Amazonas, donde grabaré lo que la exploración me de, para hacer una historia donde invitamos a gente a conocer esos sitios a través del amor del explorador. Todo sin moralizar. Solo dar una ventana a través de música, imagen, exploración y naturaleza. Creo que es lo que necesita el mundo: solo un poco más de amor.

-Me hace pensar que históricamente, exploración ha ido de la mano del miedo. Se va uno a lo desconocido, sin saber lo que va a encontrar ni si va a salir de ahí.
-Totalmente. Créeme que incluso estando en el Polo Norte, que en cierta medida ha sido explorado, hacer trekking durante dieciocho horas por zonas donde no hay una sola traza del ser humano, encuentras muchísima belleza y paz, pero también tanta hostilidad que puedes pensar que no vas a sobrevivir. Ese miedo que te da humildad máxima. Una humildad que hay que valorar y amar.

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Publicado por:

Víctor Manuel Conejo Manso en Mallorca Music Magazine

Periodista de Cultura desde 1997. Lo último, 18 años en Diario de Mallorca (también como diseñador editorial). Antes recuerda haber pululado por Cadena Ser/Radio Mallorca, IB3 TV/Ràdio, Mondo Sonoro Balears, Youthing o Radioaktivitat, más diversas promotoras, productoras, agencias de comunicación, centros de creación y gestión cultural, etc. Ingresos extra como DJ y liante.

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