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Publicado el 11 septiembre, 2021

Guitar Face

Por Carlos Garrido
Steve Vai - Mallorca Music Magazine
Steve Vai - © José Luis Luna

Recuerdo una entrevista que le hice a un escritor, cuando me dijo: “A veces no me salen las palabras. Y entonces hago la acción que quiero describir. Como tirar una flecha”. Y trazaba el gesto de tirar una saeta.

Muchas veces he pensado en aquella reflexión, al tocar la guitarra. El término “guitar face” se emplea para describir las muecas y visajes que hacen los guitarristas a la hora de tocar. Puede parecer una tontería, pero tiene su enjundia. Porque viene a ser lo mismo. Expresar lo que se quiere.

A los 14 años participé en un grupo que llamamos Los Cárabos. Era el año 65, y solo hicimos un bolo. Nos sacaron a empujones del escenario. Pero eso sí, nos entregamos a largas sesiones fotográficas. Y en varias de ellas estoy tocando mi pobre Egmond Lucky de 1000 pelas y hago un gesto con la boca. Como frunciendo el labio. Exactamente el mismo que muchos años después repetí en conciertos de La Guitarra Platónica o Rock&Press.

¿Quiere eso decir algo?

Cada guitarrista exhibe en sus “guitar faces” una desconocida relación con lo que está tocando. En cierta manera, expresa un catálogo de emociones que se repiten una y otra vez: dificultad, complacencia, esfuerzo, entusiasmo, introspección, vuelo, caída, chulería, destrucción o construcción…

Los grandes guitarristas nos ofrecen un amplio catálogo de “guitar faces”. Desde Hendrix, que parece estar en pleno orgasmo en cada solo, a David Gilmour que ahueca los labios como si estuviese clavando una alcayata en la pared. Hank Marvin mira hacia todos lados con una ancha sonrisa, como si tocase delante de la abuela. Steve Vai frunce los ojos en expresión diabólica. Keith Richards tira la cabeza hacia atrás con una sonrisa. Pete Townsend se vuelve loco y pierde ese aspecto de inglés flemático para convertirse en una especie de psicópata con los ojos en blanco…

Cada guitarrista exhibe en sus “guitar faces” una desconocida relación con lo que está tocando. En cierta manera, expresa un catálogo de emociones que se repiten una y otra vez: dificultad, complacencia, esfuerzo, entusiasmo, introspección, vuelo, caída, chulería, destrucción o construcción… Es como si la onda expansiva de su música se tradujera instantáneamente en una acción muscular. De la misma manera que las ondas trazan formas geométricas en los sensores.

Cada nota forma parte de una arquitectura musical que depende exclusivamente del guitarrista. Se interna en una especie de viaje astral donde a los reflejos mecánicos de la mano se corresponde un estado de ánimo. A veces plácido y benigno, otras atormentado y maligno. Sube montañas, cae en abismos, se enfrenta a sí mismo. Intenta superarse. Sufre, goza. Se equivoca…

Y todas esas emociones van de los dedos a la cara. Que expresa realmente el resultado de su acción física. El “guitar face” es una especie de rayos X del alma del guitarrista en aquel momento. Por eso muchas veces coinciden, pese a la diversidad de estilos y de artistas. Porque se trata en el fondo de un hombre enfrentándose con las notas y su decurso melódico y armónico. Y eso es algo universal.

Cosas que cuesta expresar con palabras. Pero que se llevan escritas en la cara.

Y hasta el peor guitarrista, como es mi caso, puede permitirse de vez en cuando un “guitar face”.

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Publicado por:

Carlos Garrido Torres (Barcelona 1950) es periodista y escritor. Ha hecho también carrera en la música, formando parte, entre otros proyectos, de Rock & Press. Es autor del libro "La Guitarra Platónica" (Documenta balear) donde cuenta su adolescencia musical.

Sitio web: carlosgarridotorres.com.

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