
Es una noche de verano en el Maresme. El escenario está listo, el público espera y Fades, el trío que ha hecho del autotune y el pop urbano en català su bandera, se dispone a dar un concierto. Pero lo que debería ser una fiesta se convierte en un campo de batalla. No es la primera vez, y probablemente no será la última, pero la banda ha dicho basta.
El martes en Vilassar de Mar la cosa se fue al carajo. No fue un desafino ni un fallo técnico. Fueron tres lanzamientos de hielo contra el escenario. Tres interrupciones. Tres veces que el odio se materializó en un cubito de hielo. Y tres veces que la banda, tras intentar seguir, decidió que la seguridad de su equipo y la suya propia era más importante que la actuación. Así lo denunciaron en un comunicado en redes sociales, donde no se anduvieron con chiquitas: esto no es un incidente aislado, es un patrón.
Y el patrón es asquerosamente predecible. En sus propias palabras, lo vinculan a ser “personas queer y defender la lengua y la cultura catalanas”. Son dos dianas en la espalda en un momento en el que, como ellas mismas señalan, la extrema derecha está en auge. Hablamos de un grupo que tiene canciones con letras desacomplejadas que, al parecer, son una amenaza para algunos sectores. Esta es la tercera agresión de este tipo en diez conciertos de su gira actual. La tercera, señores. En el Maresme ya es la segunda en dos meses, recordando los insultos LGTB-fóbicos y el lanzamiento de objetos que sufrieron en Vilassar de Dalt.
Más allá de la música, esto toca la fibra de lo que significa ser un artista en un país supuestamente moderno. La banda exige poder actuar en “espacios seguros”, una reclamación tan básica como desgarradora en pleno siglo XXI. Aunque la organización del concierto, La Rierada, les proporcionó seguridad y ha denunciado los hechos, dejando claro que los autores nunca serán bienvenidos, el daño ya está hecho. El grupo, en su comunicado, ha hecho un llamamiento a transformar el odio en fuerza, un acto de resiliencia que no debería ser necesario.

Porque si hay algo que debería ser intocable es el derecho a la expresión artística. Da igual que el autotune te guste o te parezca un pecado musical. La cuestión de fondo es que tenemos un marco legal, la Constitución Española de 1978, que garantiza la igualdad ante la ley y prohíbe explícitamente cualquier discriminación. Y aunque el tratamiento de la lengua no se regula como una cláusula antidiscriminatoria en el mismo sentido que el sexo, su reconocimiento como patrimonio cultural y su oficialidad deberían ser suficientes para que nadie se lo tenga que pensar dos veces antes de cantar en català. Este ataque no es solo a una banda, es un ataque a la convivencia y a la pluralidad que tanto nos costó conseguir.
Pero Fades no se rinde. Tienen un concierto pendiente hoy sábado en el Pride Costa Brava de Lloret de Mar. Van a seguir ocupando espacios públicos y visibilizando la diversidad, y todas las personas, todo el público, tenemos la obligación de estar ahí. Porque si el hielo y los insultos son su respuesta, la nuestra debe ser el aplauso y el apoyo. Al final, la banda tiene razón: la extrema derecha quiere silenciar, pero nosotros, con nuestros oídos y nuestro respeto, podemos hacer que su música suene más alto que nunca.
Publicado por:
Director de Mallorca Music Magazine, ejerciendo de fotógrafo, editor y redactor.
Apasionado de la buena música y las artes escénicas.
Fotógrafo especializado en fotografía musical y de conciertos.



























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