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Publicado el 7 junio, 2026

La luna tiene verso

Por Luis Sergio Carrera
La lluna en vers 2026 · Mallorca Music Magazine

Hay algo casi mágico en un festival que se empeña en colocar la cultura bajo el cielo abierto, en patios de conventos y jardines de pueblo, a la hora en que la luna releva al sol. La Lluna en Vers —ya en su decimosexta edición— lleva ejecutando esa conspiración silenciosa desde 2010, y la propuesta de 2026, que se extiende del 20 de junio al 4 de septiembre, deja claro que la Fundació Mallorca Literària y el Consell de Mallorca no tienen ninguna intención de aflojar el paso. Catorce noches. Ocho escenarios repartidos por Mallorca. Un eclipse histórico. Y un cartel que viaja de la mística medieval a la inteligencia artificial sin perder la compostura.

Eso es lo que ha distinguido siempre a este festival: su convicción de que la palabra no pertenece exclusivamente a la página. Pertenece al cuerpo, al aire de la noche, a las piedras de un convento que llevan escuchando mucho más tiempo que cualquiera de nosotros.

El plato fuerte del verano llega desde el primer día: Maria Arnal presenta «Ama» el 20 de junio en la Consolació de Sant Joan, en una noche especial de solsticio que marca el tono de todo lo que vendrá. La voz de Arnal opera en ese territorio difícil de cartografiar que va del folk catalán más antiguo a la vanguardia más exigente, y este espectáculo la sitúa en conversación directa con la inteligencia artificial y los sensores de movimiento, entretejiendo su canto con la coreografía de la compañía La Veronal. Sobre el papel suena a demostración tecnológica. En la práctica, para quien haya seguido su trayectoria, es una meditación sobre qué queda de lo humano cuando las máquinas empiezan a escuchar. Elegir el solsticio para un estreno sobre la voz y el cuerpo no es casualidad. En La Lluna en Vers nunca lo es.

El hilo tecnológico se prolonga durante el verano con Gregotechno —que repiten presencia con su hibridación del canto gregoriano y la electrónica, esa combinación que habría desconcertado a un monje y entusiasmado a cualquier asiduo a una sala de baile— y Tarta Relena, cuyo «És pregunta» el 31 de julio persigue una sonoridad mística de fuerte sabor mediterráneo que habita ese espacio extraño entre lo sagrado y lo sensorial. No son actos de feria. Son artistas que hacen preguntas genuinamente difíciles sobre tradición y transformación, y el festival tiene la inteligencia de darles buenas paredes de piedra contra las que rebotar esas preguntas.

Pero si 2026 tiene una columna vertebral emocional, le pertenece a Blai Bonet. El poeta nacido en Santanyí hace un siglo —muerto en 1997— nunca recibió la atención internacional que su obra merecía, y La Lluna en Vers convierte este verano en un acto formal de reparación. «Una veu plena de nius» se representa el 18 de julio en La Misericòrdia de Palma y el 19 de julio de vuelta en Santanyí, en el patio de la misma casa donde vivió Bonet. Mercè Sampietro, Sílvia Bel, Toni Gomila y Jaume Madaula, con música de Mar Grimalt y Carles Medina. Un reparto serio reunido para un propósito serio: insistir, una vez más, en que esta voz importaba.

Alrededor de ese núcleo central, la ambición literaria se despliega con generosidad. Andreu Valor lleva «Els camins que elegim» a Santanyí en julio. Emma Vilarasau, Jordi Bosch y el cellista Lluís Claret abordan «Venus i Adonis» de Shakespeare en dos noches en Artà y Binissalem, apenas un día después del eclipse del 12 de agosto —ese fenómeno astronómico que la imagen renovada del festival homenajea explícitamente—. Y en septiembre, «Sum Vermis» cierra la temporada en Binissalem con textos de Jacint Verdaguer, cerrando el círculo desde la innovación de vuelta a la raíz.

La geografía importa tanto como la programación. La Lluna en Vers siempre ha resistido la atracción gravitatoria de Palma, y este año la expansión continúa con nuevas paradas en Montuïri y Lloret que se suman a los enclaves consolidados de Binissalem, Santanyí y Sant Joan. Magalí Sare presenta «Descasada» en el patio del convento de Lloret el 10 de julio. Karmento lleva «La serrana» al Puig de Sant Miquel de Montuïri el 29 de agosto: cima de una colina, pleno final de verano, el tipo de noche que te hace entender por qué la gente inventó la idea de la peregrinación. Ferran Palau celebra «Aniversari feliç» en Binissalem a finales de junio.

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Mazoni y Paco Pecado —los nombres se suceden cada uno anclado a un lugar concreto—, un sábado por la noche concreto, un pedazo concreto de cielo mallorquín.

Lo que el festival comprende, y que muchos eventos mejor financiados no terminan de captar, es que el dónde es inseparable del qué. Un concierto en un jardín no es un concierto en un auditorio al que le han quitado el techo. Las limitaciones acústicas forman parte de la actuación. Los murciélagos hacen su cameo. El olor de la tierra participa.

La Lluna en Vers no es un festival para espectadores pasivos. Es para los que entienden que la cultura, cuando es buena, desordena. El eclipse llegará el 12 de agosto. El festival seguirá en pie, como lleva haciendo desde 2010, recordándonos que hay noches que no se olvidan. Noches en las que la palabra encuentra el lugar exacto donde resonar, la voz justa que la sostiene, y el cielo preciso que la cobija. Este verano, en Mallorca, la luna vuelve a tener verso. Solo hay que dejarse llevar por la luz de la luna. Y esa, amigos, nunca falla.

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Publicado por:

Luis Sergio Carrera en Mallorca Music Magazine

Director de Mallorca Music Magazine, ejerciendo de fotógrafo, editor y redactor.
Apasionado de la buena música y las artes escénicas.
Fotógrafo especializado en fotografía musical y de conciertos.

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